

42 kilómetros y 195 metros
“Si Francis Bacon hubiese escrito acerca de correr, lo habría puesto de esta manera: “Correr forma el hombre total”. Veo la persona total como siendo parte animal, parte niño, parte artista y parte santo. Correr me convierte en todas estas cosas, me convierte en una persona total” (George Sheehan)
Maratónico es un adjetivo calificativo que señala con precisión lo “duro, fatigoso y largo” de algo, ya sea propiamente de una competencia deportiva o cualquier actividad extensa o pesada. Como sustantivo la palabra maratón ha sido usada para describir una carrera de larga distancia que se corre en memoria de la batalla de Maratón donde los atenienses, en el año 490 a.C. lograron detener la invasión persa. De este suceso histórico se desprendería la leyenda que perdura hasta hoy del mítico mensajero que habría corrido los 40 kilómetros que separaban el campo de batalla -en las llanuras de Maratón- y Atenas, para dar la noticia de la victoria y fallecer en el acto. Esta distancia recorrida por el héroe silenciado por el esfuerzo daría origen a una serie de carreras extenuantes con distancias análogas en honor de este atleta mensajero: Filípides.
La primera maratón, como disciplina deportiva, tendría lugar en Atenas el año 1896, dentro del marco de los Juegos Olímpicos Modernos, y su recorrido contemplaría exactamente los emblemáticos 40 kilómetros que dieron vida a la leyenda.
Desde el punto de vista de la competencia deportiva, el término se precisaría con la formalización reglamentaria de la disciplina atlética de la maratón como una prueba que se corre exactamente sobre 42 kilómetros y 195 metros. No se vaya a creer que la definición de la distancia oficial corresponde a acabados estudios respecto a la conveniencia de esa cantidad de kilómetros y metros, sino que responde a una simple casualidad. Para los Juegos Olímpicos de Londres de 1908 la prueba tenía contemplado un recorrido de 38 kilómetros, pero los organizadores decidieron cambiar el lugar de largada original y ubicarlo en el Castillo de Windsor, para que la familia real pudiera observar cómodamente el inicio de la competencia. Otras versiones señalarían que este cambio se debió a que el Príncipe de Gales habría elegido como punto de partida los jardines del Castillo para evitar que la lluvia que ese día caía sobre Londres importunara a la Reina. La meta se encontraba en el estadio de White City, distante exactamente a 42 kilómetros y 195 metros, longitud que luego se ratificaría como oficial desde las Olimpíadas de París de 1924 hasta el día de hoy.
Fuente: Ocho libros editores