

Pese a la creciente demanda de un mayor protagonismo olímpico de la mujer, el COI seguía anclado en el inmovilismo y desestimó la incorporación del atletismo femenino en los juegos de Amberes 1920. Sin embargo, la aparición de la figura de Alice Milliat y la puesta en marcha de la Federación Internacional Deportiva generaron una nueva y reivindicativa situación. El éxito alcanzado por su Olimpiada Femenina celebrada en 1922 en París, con atletas de siete países y miles de espectadores, cuestionó de nuevo la intransigencia del COI que, en su Congreso de Praga en 1925, mantuvo su postura de no ampliar la presencia femenina en más deportes. La respuesta de la FIDF fue la segunda edición de los Juegos Mundiales, celebrados en 1926 en Gotemburgo, con otro notable éxito de participación y de público. El órdago de Milliat era claro: si no se quería a las mujeres en los Juegos Olímpicos, organizaría unos femeninos. Ante esta tesitura, la IAAF aprobó incorporar cinco pruebas atléticas femeninas en los juegos de Ámsterdam 1928, con la condición de que la FIDF no usara el término olimpiada en las competiciones que organizase.
A pesar de ello, la solución al problema de la inclusión aún quedaba lejos, como lo demuestra que en 1929 se intentara apartar de nuevo el atletismo femenino. Curiosamente, la gimnasia quedó fuera del programa de Los Ángeles 1932, mientras que el atletismo se mantuvo con dos pruebas —ochenta metros y jabalina— y se retiró la polémica prueba de ochocientos metros. Consumada, por diferentes motivos, la salida de los juegos del tiro con arco y el tenis, la 29.ª sesión del COI celebrada en Barcelona el 25 y 26 de abril de 1931 resultó fundamental para afianzar la presencia femenina en los juegos. Se sometió a votación en qué deportes competiría la mujer, y se aprobó por unanimidad —diecinueve votos— la continuidad de la gimnasia, la natación, el patinaje artístico, la esgrima —florete (con diecisiete a favor y dos en contra)— y el atletismo —dieciséis a tres—. Llegados los juegos de Berlín 1936, el número de eventos femeninos fue de quince, es decir, el 11% del programa, y el número de participantes alcanzó el 8,4% (trescientas treinta y siete mujeres).
En cuanto a los Juegos de Invierno, que se iniciaron en la 1.ª Semana Internacional de Deportes de Invierno celebrada en 1924 en Chamonix, y con el auspicio del COI —que posteriormente la reconoció como su primera edición—, la participación femenina se limitó al patinaje artístico hasta los juegos de 1936 en Garmisch-Partenkirchen, cuyo programa incorporó el esquí alpino en sus modalidades de descenso y eslalon. En total, tres eventos de quince, con un porcentaje de participación femenina del 12% (ochenta mujeres).
Fuente: Más que olímpicas