Se dice que hay estatuas e íconos que lloran, ya sea agua, sangre, resina, aceite, miel, mirra u otras sustancias, por causas aparentemente inexplicables. Los relatos de este tipo de fenómenos han proliferado sobre todo desde la década de 1980. Algunas personas están convencidas de que se trata de señales divinas.

    Es casi imposible llevar a cabo un recuento exhaustivo de todas las imágenes sagradas que lloran en el mundo entero. Sólo en Italia se tiene noticia de unos 200 casos en los que las imágenes sagradas empezaron a exudar líquido de manera repentina, casi siempre en forma de lágrimas, pero también, aunque con menor frecuencia, a modo de extremidades <<sangrantes» o «<sudorosas». A veces, el líquido manaba de una fuente invisible y fluía por debajo de la estatua o icono. No todas las imágenes que lloran están hechas del mismo material, sino que se sabe de estatuas de piedra, porcelana o metal e iconos de madera o lienzo.

    La cantidad de líquido exudado varía considerablemente: mientras que en algunas estatuas e imágenes fluye sin interrupción desde que se iniciara el fenómeno, en la mayoría de los casos las lágrimas sólo se vertieron durante un espacio de tiempo concreto o a intervalos irregulares. Las figuras que lloran y están expuestas al público atraen año tras año a millares de peregrinos porque se suelen atribuir poderes curativos a los líquidos que emanan de ellas.

Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand

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