Con mente clara y algo de trabajo se adquieren los valores que impulsan nuestro obrar cotidiano. La relación entre lo que estimamos que vale y lo que realmente practicamos es lo que nos hace buenas o malas personas. Podemos tener un verdadero museo de valores en nuestra cabeza, pero si no se convierten en acciones y hábitos que correspondan a lo bien pensado, nos quedaremos en las nubes de los ideales y en la inopia de las realidades.

    Esto tan elemental desde el punto de vista filosófico es lo que nos ocurre frecuentemente a los mortales. Podemos llegar a ser millonarios en valores y extremadamente pobres en virtudes. Y, siguiendo de cerca al maestro Aristóteles, esa sería la razón por la que no podemos ser felices. Solo son felices, dirá el gran maestro griego, aquellos que se van llenando de virtudes, de todas las virtudes, de las grandes y de las pequeñas. Los que llegan a ser prudentes y justos, terminan siendo fuertes y temperados, amables, humildes, generosos, sociables, magníficos y magnánimos, leales y obedientes a las leyes, buenos ciudadanos y excelentes padres o madres de familia, hermanos, buenos parientes y amigos.

    Como tengo por seguro que todos mis lectores de los lunes, quieren ser felices, me permito recordarles hoy estas universales sentencias que sirven para aclarar la mente y poner en movimiento los afectos que conduzcan a las buenas acciones en forma permanente, que eso es lo que son las virtudes, y no otra cosa.

    Cuando en estos días pascuales, como en los cercanos a la navidad nos deseamos mutuamente felicidades o cuando lo reiteramos con motivo de nuestros cumpleaños y onomásticos, no hacemos otra cosa que desearnos que coincidan en nosotros los más altos valores con las más altas virtudes, porque consciente o inconscientemente sabemos y comprobamos que para ser realmente feliz, hay que tratar de ser bueno todos los días. Nada más, y nada menos. Deseo que tengan todos mis amigos una feliz jornada hoy y mañana y pasado mañana.

    Lo vengo reiterando con alguna insistencia; los valores sobreabundan, mientras las virtudes escasean, por lo que en buena teoría económica que todos entendemos fácilmente, los valores valen menos que las virtudes. Si queremos ser ricos de verdad hay que moderar el museo de los valores y comprar las acciones de las virtudes.                                                                        

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