**Numismática

     Faltaba una, pero no era eso lo que realmente preocupaba a fray Xavier Gómez de Alcalá. Había recorrido un largo camino para llegar a Santiago de la Nueva Extremadura. En Lima se había embarcado en el Galeón de Manila que se dirigió a Valparaíso a recoger y entregar carga que había cruzado el Pacífico y mares que vagamente figuraban en la cartografía de la marinería española. Desde el puerto se dirigió en una caravana de carretas hasta la aduana de Santiago donde debía reportarse con su congregación, La Orden de la Merced.

     A su llegada entregó a sus superiores las instrucciones que se enviaban desde Barcelona, pero no mencionó que, en el bolsillo cosido en el interior de su hábito, llevaba también cuatro monedas tan humildes que él sentía que no resquebrajaban sus votos de pobreza. Sin embargo, tenían el valor de una revelación. En su anverso no llevaban grabada la corona española o el rostro del rey Felipe. Cada una era distinta y acarreaban cuatro rostros femeninos. Una herejía que podía ser castigada con la cárcel o la expulsión de la hermandad o quizás la muerte. Su secreta misión era entregarlas a la orden clandestina de los templarios escapados de las purgas eclesiales. Los rostros representaban hijas, madres y abuelas del linaje de Jesús. La quinta, la que le faltaba, llevaba la imagen de la última generación conocida, la que los templarios creían había huido a América.

    Para encontrarse con ellos debía viajar al otro lado de La Frontera, cruzar el Bío Bío hasta el Fuerte de San Diego de Tucapel. Durante la travesía sorteó todo tipo de peligros y enfrentó las dudas de la congregación con convicción y valor. Fue al cruzar el Bío Bío justo al poner pie en la ribera sur cuando hombres armados asaltaron la caravana. La batalla fue corta, sin pérdida de vidas que lamentar. Al final los asaltantes se llevaron tres caballares y varios animales de ganadería. Solo cuando se disipó el humo del fuego de los arcabuceros y el polvo que levantó la huida de los atacantes, fue que notaron la ausencia de Xavier Gómez de Alcalá. Nunca se supo el motivo de su rapto o fuga. Años después, muchos años después, los rostros de las mujeres que adornaban las monedas que acarreó hasta ese sur profundo aparecieron grabadas en cartones clandestinos. Cuatro, solo cuatro. Falta esa quinta, que todavía sigue cubierta por la nube en sepia del sigilo.

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