

El Gallina; un pato bueno
Pertenezco a una generación donde los apelativos, sobrenombres o apodos eran más recurrentes que hoy. Toda una forma de relacionarse, provocaban cercanía o lejanías, risas o peleas de larga duración y a veces feroces enconos.
ANDRES DIAZ DONOSO Forma parte de esa generación, esa que transitó desde el Rock And Roll, pasando por el Twist, para, pasando por el Go-Go, llegar al Soul y afincarse en lo que hoy ha devenido en conocerse como el Rock Clásico. Sin descuidar, por cierto, la cumbia, los boleros y las rancheras, el mambo, la salsa ni la guaracha.
Allí, en ese tiempo, en ese espacio, conocí al “Gallina Díaz”, junto a una incontable cantidad de perros, patos, pollos, burros, loros y gatos. En ese contexto la amistad no podía sino ser para siempre.
En ese período, en el que la realización era casi imposible emigra en una especie de autoexilio y logra crecer fuera de Chile, sin embargo, tuvo un retorno difícil, con severas dificultades para reinsertarse en una incompleta democracia y un PDC que no le fue receptivo.
Inquieto como era, de gran compromiso social encuentra en el PRSD un espacio que le era cómodo y en la enseñanza (bichito que tenía desde antes del OLIMPIA) un lugar a la entrega y la realización.
Enfrentó una enfermedad larga y dura, con una gallardía encomiable, un temple que cada uno de nosotros quisiera poseer.
Lorenzo González C.