Alrededor del año 450 a.C., el historiador Heródoto confeccionó su lista de las siete maravillas del mundo y, al describir las pirámides, creó la idea de hordas de esclavos transportando durante años pesados bloques de piedra. Sin embargo, la sospecha de que estuviera equivocado y las pirámides fueran construidas por obreros libres está cobrando cada vez más fuerza en los últimos años.

La base de esta nueva teoría es el Nilo, río caudaloso y arteria vital ya en la antigüedad que se desbordaba periódicamente e inundaba cada año, entre junio y octubre, extensas zonas del país. El lodo del Nilo fue uno de los motivos que permitió el extraordinario avance de la civilización egipcia, puesto que era arrastrado hasta los campos y abonaba la tierra. Por eso las inundaciones no eran percibidas como una catástrofe, sino como una bendición. Cada año, durante estos cuatro meses, el faraón mandaba a la población construir las pirámides para celebrar dicho acontecimiento como se merecía y, probablemente, para mantener ocupado a su pueblo durante el tiempo que duraban las inundaciones. Así se estrechaba también el vínculo entre el pueblo y su gobernante y se ampliaban regularmente los conocimientos en muy diversas materias, lo que, a su vez, redundaba en beneficio de toda la sociedad.

Hoy sabemos que en las obras surgían nuevos oficios o estaba en constante evolución. Los médicos se ocupaban de los heridos y los hallazgos óseos revelan que las fracturas estaban sorprendentemente bien curadas, lo que es una prueba de que la atención médica en las obras era buena. Los panaderos podían intercambiar experiencias mientras proveían a los trabajadores. Además, según parece los capataces dejaron escrito en algunas losas el tiempo que permanecía cada trabajador en la obra.

Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer/U. Hellenbrand

Scroll al inicio