

Catástrofe
Suceso que ocasiona gran destrucción y perjuicio, frecuentemente con pérdida de vidas humanas. Frecuentemente se usa en forma metafórica, aludiendo a una iniciativa que fracasó estrepitosamente: Esperaban que la película ganara algún premio, pero resultó una catástrofe de crítica y taquilla.
La palabra se emplea en nuestra lengua desde el siglo XVII, como vemos en este fragmento escrito por el Conde de Rebolledo (1650-1660), almacenado en el Corde:
“Evidentes señales el cielo da de los futuros males, que no sólo estos valles amenazan, sino los que en España el Ebro, Tajo y aun el Duero baña, dando a temer que rigurosamente con catástrofe nueva represente tragedias y espectáculos extraños”
El vocablo nos llegó desde el latín tardío catastrŏphe, y este del griego katastrophέ ‘ruina’, ‘destrucción’, ‘catástrofe’, derivado del verbo katastréphein ‘abatir, destruir’, ‘arrasar’. La palabra griega se formó mediante el prefijo katá) ‘totalmente’ y la base indoeuropea streb(h), que alude a la idea de ‘dar vuelta’.
Catástrofe ingresó en el diccionario académico en su edición de 1780, definido como ‘suceso infausto y extraordinario que altera el orden regular de las cosas’ y también ‘el desenredo de los lances y empeños en los poemas dramáticos’.
Delatar
Denunciar a la autoridad un delito, señalando al autor para que sea castigado, sin que el denunciante sea parte obligada, sino por su propia voluntad e iniciativa. Por extensión de significado, también lo usamos con el sentido de ‘revelar (alguien) involuntariamente, por sus gestos o comportamiento, su intención o sus sentimientos, como en este fragmento de Vargas Llosa en La fiesta del chivo (2000):
“Su actitud delataba cierta impaciencia, pero Cabral no se despidió. Alentaba la insensata ilusión de que esta charla diera algún fruto”
El Vocabulario de Palencia (1490) define delator como el acusado que denuncia a otros, buscando así ser tratado con más benevolencia:
Assi como se dize delator el reportador o acusado que dize algo con itendo de acusar a otros.
El verbo delatar nos viene del latín delātus ‘acusado’, ‘denunciado’. Cicerón escribió delātus furti para significar ‘acusado de hurto.