

*Rita – 1950. Hollywood
Ha conquistado Hollywood cambiando de nombre, de peso, de edad, de voz, de labios y de cejas. Su cabellera pasó del negro opaco al rojo llameante. Para ampliarle la frente, le arrancaron pelo tras pelo mediante dolorosas descargas de electricidad. En sus ojos pusieron pestañas como pétalos.
Rita Hayworth se disfrazó de diosa, y quizás lo fue, a lo largo de los años cuarenta. Ya los cincuenta exigen diosa nueva.
*Marilyn – 1950. Hollywood
Como Rita, esta muchacha ha sido corregida. Tenía párpados gordos y papada, nariz de punta redonda y demasiada dentadura: Hollywood le cortó grasa, le suprimió cartílagos, le limó los dientes y convirtió su pelo castaño y bobo en un oleaje de oro fulgurante. Después los técnicos la bautizaron Marilyn Monroe y le inventaron una patética historia de infancia para contar a los periodistas.
La nueva Venus fabricada en Hollywood ya no necesita meterse en cama ajena en busca de contratos para papeles de segunda en películas de tercera. Ya no vive de salchichas y café, ni pasa frío en invierno. Ahora es una estrella, o sea: una personita enmascarada que quisiera recordar, pero no puede, cierto momento en que simplemente quiso ser salvada de la soledad.
*Venus
Fue arrancada de África del Sur y vendida en Londres.Y fue burlonamente bautizada Venus de los hotentotes.
Por dos chelines se podía verla, encerrada en una jaula, desnuda, con sus tetas tan largas que daban de mamar por la espalda. Y pagando el doble se podía tocarle el culo, que era el más grande del mundo.
Un cartel explicaba que esta salvaje era mitad humana y mitad animal, la encarnación de todo lo que los civilizados ingleses, felizmente, no son.
De Londres pasó a París. Los expertos del Museo de Historia Natural querían averiguar si esta Venus pertenecía a una especie ubicada entre el hombre y el orangután.
Tenía veintipocos años cuando murió. Georges Cuvier, célebre naturalista, hizo la disección. Informó que ella tenía cráneo de mono, cerebro escaso y culo de mandril.
Cuvier desprendió el labio inferior de la vagina, colgajo enorme, y lo metió en un frasco. Dos siglos después, el frasco seguía en exhibición, en París, en el Museo del Hombre, junto a los genitales de otra africana y de una india peruana. Muy cerquita estaban, en otra serie de frascos, los cerebros de algunos científicos europeos.
Fuente: Eduardo Galeano