

Releo en estos días a Confucio, el sabio chino que inspira el espíritu oriental en general y me encuentro con esta joya que bien pudiera iluminar algunos de nuestros males presentes que dicen relación con libertad, democracia, premios, castigos y ganancias, entre otras cosas.
Escribía el sabio esta breve sentencia hace ya 25 siglos: “Guíen al pueblo por normas de gobierno y regúlenlo por temor al castigo y la gente tratará de permanecer fuera de la cárcel, pero no tendrá sentido del honor o la vergüenza. Guíen al pueblo por la virtud y regúlenlo por el YI (su provecho o beneficio) y la gente tendrá sentido del honor y del respeto”
Creo que no es necesario hacer un gran esfuerzo para entender esta reflexión tan bien razonada y seguramente experimentada por cualquier adulto que mire hacia el Estado, la familia y la sociedad en general. Buen tema de reflexión para un buen gobierno de la casa, de la empresa y del mundo El único obstáculo que normalmente encontramos en su aplicación es que el ejercicio de la virtud exige esfuerzo, convicción y desde luego coherencia entre el creer, el sentir y el obrar en concordancia.
Con todo nuestro afecto y respeto por Confucio como sabio universal debiéramos advertir que los principios morales de occidente basados en griegos, romanos y judeocristianos coinciden plenamente con el pensar, sentir y actuar del venerable sabio chino. Es que la verdad es solamente una. El viejo Aristóteles también añadía: La felicidad está en la vida virtuosa. El mejor remate para la tarea completa. Llegar a ser honorables y respetuosos El problema que, en general ataca a la juventud de todos los tiempos, es que no tienen en cuenta estos sabios consejos, en parte porque los ignoran y en parte porque van contra el instinto natural. Es la educación de padres y maestros la que puede proporcionar a los jóvenes algo de sabiduría y de estímulo de virtudes, como tarea cotidiana.
Adquirir el honor y el respeto solo tiene un camino: Vivir todas las virtudes posibles, grandes y pequeñas. De lo contrario habrá que pensar en el descrédito o en la cárcel. Recomiendo vivamente leer a Confucio alguna vez en la vida. Y, hacerle caso siempre.