

Despotricar
Hablar sin control ni reparo, diciendo todo lo que a uno se le ocurre, generalmente atacando a los demás.
Vocablo de origen desconocido; el etimólogo español Pedro Felipe Monlau supone que se trate de un derivado de potro o, más bien, de su diminutivo potrico, equiparando su definición con los movimientos vivos y desordenados del potro.
Corominas observa que en el Quijote (cap. XXV) ya tiene aproximadamente la acepción moderna, en boca de Sancho Panza:
“No me lo haga decir la señora, porque por Dios que despotrique y lo eche todo a doce, aunque nunca se venda”
Sin embargo, este verbo tiene diferentes significados en distintas variedades: en Chile es ‘despedazar a una persona aplastándola, mientras que en Canarias es ‘derrochar el patrimonio’. Corominas observa que en Alberca, Salamanca, espotricar significa chisporrotear y cita a Krüger, quien cree que se deriva de potrisco ‘chispa del fuego’, en lo que puede ser una comparación del recorrido rápido y zigzagueante de una chispa con el galope de un potro.
Urbe
Ciudad, referido especialmente a las muy importantes o de gran densidad poblacional. La ciudad de Nueva York, incluyendo su zona metropolitana, tiene más de 22 millones de habitantes
La palabra latina urbs, urbis se usaba en Roma para denominar a la ciudad físicamente considerada, así como a sus reflejos en las costumbres de la gente. Era diferente de civitas, -atis, que se refería no a la ciudad en sí, sino al conjunto de los ciudadanos libres, a la ciudad desde el punto de vista político.
Según una antiquísima tradición etrusca, alrededor del terreno donde se iba a construir una ciudad, se trazaba un profundo surco circular con el arado. Y según la leyenda de la fundación de Roma, Rómulo y Remo habrían cumplido ese ritual y trazado el círculo, que se llamaba orbis. Más adelante, esa palabra, que está, por cierto, vinculada en su origen a urbs, pasó a designar la esfera y, finalmente, el globo terrestre: el orbe. Aunque muchas personas creen que los antiguos no sabían que la Tierra tiene forma esférica, cabe recordar que Eratóstenes (275-195 a. de C.), director de la Biblioteca de Alejandría, calculó con sorprendente precisión el radio del planeta mediante la comparación del tamaño de la sombra de dos estacas clavadas en el suelo, una en Alejandría y otra en Asuán. Además de calcular con bastante aproximación la circunferencia de la Tierra, Eratóstenes pudo determinar la oblicuidad de la eclíptica.
La raíz de urbs aparece muy temprano en diversas palabras latinas, como urbanitas, que significaba ‘civilidad, urbanidad, buena educación’ (por vivir en Roma), y urbanus, ‘de la ciudad’, ‘urbano’.
En las lenguas romances, los equivalentes y derivados de urbs aparecen en todos los casos como cultismos, como ocurre con el francés urbain desde 1354 y el inglés urban en 1619. En español, sin embargo, urbe se usó apenas a partir de fines del siglo xix y se consigna por primera vez en la edición de 1925 del diccionario de la Academia.
La relación entre urbe y orbe queda manifiesta en los mensajes navideños del Papa, denominados Urbi et Orbi (A la ciudad [Roma] y al mundo).
Fuente: Origen de las palabras. Ricardo Soca