Vulgarmente, se supone que la palabra «pirámide» deriva de «fuego», con lo cual significa que es la representación simbólica de La Llama Divina, la vida de cada criatura.

    John Taylor cree que la palabra «pirámide» significa una «medida de trigo», mientras que C. Piazzi Smyth es partidario del significado copto: «una décima parte». Los antiguos iniciados aceptaban la forma de la pirámide como el símbolo ideal, tanto de la doctrina secreta como de las instituciones establecidas para difundirla. Tanto las pirámides como los montículos son modelos de la Montaña Sagrada o el lugar elevado de Dios, que se creía que estaba en la «mitad» de la tierra. John P. Lundy relaciona la Gran Pirámide con el legendario Olimpo y además supone que sus pasillos subterráneos se corresponden con los tortuosos vericuetos del Hades.

    La base cuadrada de la pirámide nos recuerda constantemente que la Casa de la Sabiduría está bien asentada en la naturaleza y sus leyes inmutables. «Los gnósticos —escribe Albert Pike— decían que todo el edificio de su ciencia descansaba sobre un cuadrado cuyos ángulos eran: Σιγη, el silencio; Βυθος, la profundidad; Νους, la inteligencia, y Αληθεια la verdad». Los lados de la Gran Pirámide miran a los cuatro puntos cardinales, que representan, según Éliphas Lévi, los extremos de calor y frío (el Sur y el Norte) y los extremos de la luz y la oscuridad (el Este y el Oeste). La base de la pirámide representa, además, los cuatro elementos o sustancias materiales de cuya combinación está compuesto el cuerpo cuádruple del hombre. De cada lado del cuadrado surge un triángulo, que representa la triple divinidad entronizada en cada naturaleza material cuádruple. Si cada línea de base se considera un cuadrado del cual asciende un poder espiritual triple, la suma de las líneas de las cuatro caras (doce) y los cuatro cuadrados hipotéticos (dieciséis) que constituyen la base da veintiocho, el número sagrado del mundo inferior. Si a esto añadimos las tres septenas que componen el sol (veintiuno), es igual a cuarenta y nueve, el cuadrado de siete y el número del universo.

    Los doce signos del Zodiaco, como los Gobernadores de los mundos inferiores, se simbolizan mediante las doce líneas de los cuatro triángulos de las caras de la pirámide. En medio de cada cara hay una de las bestias de Ezequiel y toda la estructura se convierte en el Querubín. Las tres cámaras principales de la Pirámide están relacionadas con el corazón, el cerebro y el sistema reproductor, que son los centros espirituales de la constitución humana. La forma triangular de la pirámide también es similar a la postura que adopta el cuerpo durante los antiguos ejercicios de meditación. Los Misterios enseñaban que las energías divinas de los dioses descendían sobre la parte superior de la Pirámide, que se comparaba con un árbol invertido, con las ramas abajo y las raíces en la parte superior. Desde este árbol invertido, la sabiduría divina desciende por los lados divergentes y se irradia a todo el mundo.

    El tamaño del piramidón de la Gran Pirámide no se puede determinar con precisión, porque, si bien la mayoría de los investigadores han supuesto que existió en algún momento, no se conserva de él ningún vestigio. Los constructores de grandes edificios religiosos tienen una curiosa tendencia a dejar inacabadas sus creaciones, con lo cual quieren dar a entender que Dios es lo único que está completo. El piramidón —si es que existió— era en sí mismo una pirámide en miniatura, cuyo vértice, una vez más, estaría coronado por un bloque más pequeño de la misma forma y así ad infinitum. Por consiguiente, el piramidón es el arquetipo de toda la estructura. De este modo, se puede comparar la pirámide con el universo y el piramidón, con el hombre. 

Fuente: Enseñanzas secretas

Scroll al inicio