> Fundación de la escritura

     Cuando Irak aún no era Irak, nacieron allí las primeras palabras escritas. Parecen huellas de pájaros. Manos maestras las dibujaron, con cañitas afiladas, en la arcilla.

     El fuego, que había cocido la arcilla, las guardó. El fuego, que aniquila y salva, mata y da vida: como los dioses, como nosotros. Gracias al fuego, las tablillas de barro nos siguen contando, ahora, lo que había sido contado hace miles de años en esa tierra entre dos ríos.

    En nuestro tiempo, George W. Bush, quizá convencido de que la escritura había sido inventada en Texas, lanzó con alegre impunidad una guerra de exterminio contra Irak. Hubo miles y miles de víctimas, y no sólo gente de carne y hueso.También mucha memoria fue asesinada.

    Numerosas tablillas de barro, historia viva, fueron robadas o destrozadas por los bombardeos. Una de las tablillas decía: Somos polvo y nada. Todo cuanto hacemos no es más que viento.

> De barro somos

    Según creían los antiguos sumerios, el mundo era tierra entre dos ríos y también entre dos cielos. En el cielo de arriba, vivían los dioses que mandaban. En el cielo de abajo, los dioses que trabajaban.     Y así fue, hasta que los dioses de abajo se hartaron de vivir trabajando, y estalló la primera huelga de la historia universal. Hubo pánico.

    Para no morir de hambre, los dioses de arriba amasaron de barro a las mujeres y a los hombres y los pusieron a trabajar para ellos.     Las mujeres y los hombres fueron nacidos de las orillas de los ríos Tigris y Éufrates.

    De ese barro fueron hechos, también, los libros que lo cuentan. Según dicen esos libros, morir significa regresar al barro.

> Fundación de los días

    Cuando Irak era Sumeria, el tiempo tuvo semanas, las semanas tuvieron días y los días tuvieron nombres.     Los sacerdotes dibujaron los primeros mapas celestes y bautizaron los astros, las constelaciones y los días.     Hemos heredado sus nombres, que fueron pasando, de lengua en lengua, del sumerio al babilonio, del babilonio al griego, del griego al latín, y así.

    Ellos habían llamado dioses a las siete estrellas que se movían en el cielo, y dioses seguimos llamando, miles de años después, a los siete días que se mueven en el tiempo. Los días de la semana siguen respondiendo, con ligeras variantes, a sus nombres originales: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, Sol. Lunes, martes, miércoles, jueves…

      Fuente: Eduardo Galeano

 

      

   

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