

“Soy sólo un empresario. Doy al público lo que quiere. Si ando en el negocio del alcohol o del juego, no es porque ame romper la ley… es porque la gente lo pide”. Estas palabras, pronunciadas por Alphonse Gabriel Capone, no solo resume su visión del crimen organizado en la década de 1920, sino que revelan una de las verdades más incómodas de la historia de EE. UU., que el crimen florece cuando el sistema falla en satisfacer las necesidades y deseos de la sociedad.
Pero antes de convertirse en el legendario “Scarface” (apodo que odiaba con toda su alma), Capone fue simplemente ‘el chico gordito de Brooklyn’; un hijo de inmigrantes italianos que vivió una infancia marcada por la pobreza, la segregación cultural y la contradicción constante entre los valores familiares y las tentaciones callejeras. Porque Capone no nació criminal.
Al Capitone, como le decían los vecinos de su barrio, nació el 17 de enero de 1899 en el 95 de Navy Street, Brooklyn, Nueva York, justo en el corazón del puerto y la vida obrera neoyorquina. Hijo de Gabriele Capone, barbero de Nápoles, y Teresa Raiola, costurera de Salerno, fue el cuarto de nueve hermanos. Sus padres eran inmigrantes honestos; y, aunque muchos relatos lo retratan como el hijo indomable del crimen, lo cierto es que en sus primeros años fue un niño tranquilo, aficionado al béisbol y con cierto potencial académico.
Durante su infancia, vivió en varios domicilios: uno de los más destacados es el que se encontraba en el número 38 de Garfield Place, en el barrio de Park Slope, cerca de Prospect Park y de la iglesia St. Michael’s. De hecho, esa parroquia se convertiría en parte crucial de su desarrollo temprano. Fue allí donde jugó en el equipo de béisbol juvenil y participó de eventos sociales junto a sus hermanos Ralph y Frank.
Pese a nacer en el seno de una familia modesta pero trabajadora, Al Capone descubrió muy pronto las limitaciones de su entorno donde el inglés se mezclaba con el napolitano, y donde los italianos no eran muy bien recibidos.
Asistió primero a la escuela pública P.S. 133, donde destacó por su inteligencia, pero todo cambió con 14 años tras un altercado con un profesor. Castigado físicamente por este, Capone le devolvió el golpe y fue expulsado del colegio. Aquello representó un antes y un después en su vida, ya que ante la imposibilidad de estudiar, las calles se convirtieron en su única aula.
Ya una vez en la calle, Capone se unió a bandas locales como los Junior Forty Thieves y los Brooklyn Rippers, hasta ser reclutado por la reputada y peligrosa Five Points Gang de Manhattan, liderada por el criminal Johnny Torrio quien, años más tarde, se lo llevaría a Chicago y lo convertiría en su protegido.
Antes de eso, Capone trabajaba en oficios humildes, desde cortar papel en una fábrica de cajas, servir mesas en Coney Island o incluso en clubes nocturnos. En uno de ellos, el Harvard Inn, recibió las cicatrices que marcarían su vida. Fue a causa de un piropo muy maleducado a una joven llamada Lena, sin saber que era hermana de Frank Galluccio, un peligroso gánster (concretamente le dijo: “Cariño, tienes un lindo trasero y lo digo como un cumplido, ¡créeme!”). Este, sin pensárselo dos veces, le rajó la cara con un cuchillo de mariscal. La escena tuvo que ser truculenta ya que brotó mucha sangre. Aquí nacería Scarface (cara cortada), el apodo que odiaría toda su vida. Capone tenía 19 años.
La misma noche en que recibió aquellas heridas, Capone volvería a casa con los puntos aún visibles. Cuatro días antes, había nacido su hijo, Albert Francis ‘Sonny’ Capone. El 30 de diciembre de 1918, con apenas 20 años, se casó con Mae Coughlin, una irlandesa católica en la iglesia St. Mary Star of the Sea, en Carroll Gardens, un templo que forma parte del actual circuito turístico de Brooklyn que recorre la vida del gángster.
Fuente: Historia NG