

* Bachiller
Persona que ha completado los estudios de enseñanza secundaria, quedando habilitada para ingresar a la universidad. Con el acceso a la enseñanza superior de un número mayor de personas, el título de bachiller ha perdido relevancia y actualmente es poco usado.
En las ceremonias de graduación de las primeras universidades europeas, en la Baja Edad Media, los graduandos ceñían sus sienes con una corona de laureles adornada con bayas.
El nombre de esta fruta, baya, llegó al español proveniente del francés baie, y este, del latín baca, mientras que laurel se derivó del latín laurus. A partir de baca y laurus, se formó en bajo latín bacalarius, palabra que se usaba en el latín del siglo IX para designar a los graduados.
En Francia, se los llamó bachelor en la Canción de Rolando (1080) y, posteriormente, bachelier, mientras que el título que recibían era baccalauréat. Llegaron a nosotros como bachiller y bachillerato. Su equivalente inglés, bachelor, desde el siglo XIV pasó a significar también ‘soltero’.
* Presbicia
Dificultad de acomodación del ojo a las distancias más cercanas, una deficiencia de la visión que suele sobrevenir entre los cuarenta y los cincuenta años. Esto ocurre cuando el cristalino pierde flexibilidad y deja de enfocar la luz correctamente en la retina.
La voz presbicia nos llegó desde el francés presbyte o présbite ‘el que sufre esta deficiencia’), que tiene su primer registro en el Dictionnaire universal, de A. Furetière (1690). Un siglo más tarde, en 1793, Lavoisier acuñó presbyopie para designar esta patología, imitando la formación de myopie (v. miopía). En lengua portuguesa, el vocablo francés fue incorporado con la forma presbiopia, como el inglés presbyopia,, pero en castellano se optó por presbicia.
Como se trata de una enfermedad que aparece después de cierta edad (en otros tiempos, cuarenta años era una edad avanzada), su nombre francés se formó a partir del vocablo griego presbys ‘viejo’, ‘anciano’, proveniente del indoeuropeo pres-gw ‘anciano’, ‘dirigente’, ‘caudillo’ y el griego ӧψις (opsis) ‘ojo’.
* Latón
También llamado azófar, es una aleación de cobre y zinc, en proporciones diversas, pero generalmente con predominio del cobre, que se produce desde tiempos prehistóricos, antes incluso de que se conociera el zinc. En efecto, las primeras aleaciones de latón se hicieron con cobre y calamina, que es un mineral con alto contenido de zinc. Los latones calidad más alta tienen un porcentaje de zinc del 35% o inferior.
Esta aleación es susceptible de un pulido que deja su superficie muy brillante, por lo que se usa mucho en decoración y bisutería de bajo costo.
La palabra proviene del árabe lātûn, aparentemente tomada del Asia central, en algunas de cuyas lenguas se usan para designar el oro y, en algunas partes, el cobre (Corominas 1980).
Nebrija se refiere al alaton morisco, que identifica con el metal que los romanos llamaron orichālcum, voz tomada del griego oρέιχαλχον (oreikalkon). Según Benito Jerónimo Feijoo (1734), el vocablo latino no tiene ninguna relación con el oro, sino que los griegos la formaron mediante oros ‘monte’ (como en orografía) y chalkos ‘bronce’.
Veamos este fragmento contemporáneo de José Donoso en Dónde van a morir los elefantes (1995):
“Bajo el escrutinio de los mozos, armados de bandejas de latón como si fueran escudos, fue interceptada otra vez por Félix; evidentemente, intentaba convencerla de algo”
Fuente: Origen de las palabras. Ricardo Soca