

El pirata es un ladrón-guerrero por cuenta propia. Digamos que ejerce el robo en forma privada, en modo de pequeña empresa. Frente a estos, en competencia desleal están los guerrilleros-piratas financiados por poderosos mini-estados o por potencias mundiales que ejercen el pirataje en forma más legal, profesional con fondos abundantes y tecnología de punta.
La piratería propiamente tal existe desde los tiempos más remotos de los imperios orientales, griegos, romanos, vikingos, mauritanos y últimamente hutíes. En una categoría social superior se encontraron los corsarios que tenían patente del imperio británico y se especializaron en asaltar naves mercantes que cruzaban el atlántico.
Una especialidad más moderna y conocida que se lleva a cabo con submarinos o avionetas se vincula a lo que conocemos como narcotráfico. Una piratería de mayor complejidad y riesgo, usando las antiguas rutas y las modernas técnicas con similar propósito.
Me entretengo en leer estos días sobre piratería en todos los tiempos, asolando mares y tierras por donde circularan viajeros desprevenidos o cargamentos de riquezas múltiples en la soledad de los mares.
Los habitantes de grandes ciudades tenemos a otros piratas. Acumulamos miedo de andar de noche, de caminar por barrios de sospechosa mala fama, salidas y entradas de autopistas y hasta llegar a las puertas bien protegidas de nuestras enrejadas viviendas. A esta subespecie le llaman portonazos, por tratarse de un tipo de piratería que se hace a domicilio, por sorpresa y generalmente en la oscuridad de la noche. Es una piratería sorpresiva, violencia, rápida y eficaz.
El pirata antiguo o moderno tiene los mismos principios, los mismos objetivos y utiliza siempre las mismas técnicas; hacerse con los bienes de los ciudadanos, atemorizarlos antes de espoliarlos, utilizando la sorpresa, la nocturnidad, la indolencia o el descuido. Hay muchos tipos de piratas que nos vigilan por todas partes. Fueron, son y serán una de las pesadillas con que contamos en nuestra existencia. Para evitarlos hay solo una conducta infalible: No salir de casa ni de día ni de noche, tratar de no ostentar riqueza y poner llave y cerrojos a la casa, reja al jardín y cámaras de vigilancia por todas partes. La otra posibilidad es que el Estado nos proteja limpiando de piratas la tierra, el mar y el aire. Tarea para el gobierno y la policía. Sería un mundo más habitable si lográramos la captura y sanción de todos los piratas, privados o públicos, de pequeñas o grandes empresas, de tierra, mar o aire. Mientras esto sobrevenga, hágame caso; quédese en casa, guarde las joyas, ponga cámaras detectoras de ladrones y lea historias de piratas para aprender a enfrentarlos con eficacia, como lo hicieran Julio Cesar y Carlos V en tiempos pasados por los mares e islas del Mediterráneo.