Ha llegado a mis manos uno de los escritos del periodista español Carlos Toro, que bien vale la pena resumir y entregar a todos ustedes. Se los presento:

    “El deporte es la voz más sonora de un país, su rostro más conocido, su acento más comprensible y una de las lunas de su espejo. Los deportistas constituyen una mezcla de embajadores, conquistadores y misioneros que construyen y difunden la imagen de su país por todo el mundo. En ninguna otra parte como en un podio poseen un himno y una bandera, mayor capacidad de convicción y comunicación, ni una más grande dosis de elocuencia y universalidad. 

    El deporte es una mano que se extiende para ser estrechada; un gesto de desprendimiento y otro de complicidad; un mensaje casto y otro ideológico.

    El deporte es neutral y doctrinario, santo y pecador, infantil y resabiado, aséptico en su pureza y proselitista en sus dotes de persuasión. Todas las naciones se sirven de él en mayor o menor medida, para expresarse con un lenguaje accesible a todos; para mostrar su pabellón en los mástiles más altos y visibles; para identificarse ante los demás pueblos y establecer con ellos una relación fraternal y una pugna. El deporte es, sin duda, un lazo que hermana, pero también un factor diferenciador y, en cierto modo, reivindicativo y aislante bajo su ecumenismo sin barreras ni prejuicios.

    Muchos países tienen en él a un portavoz, un emisario, un rapsoda y un propagandista. En alguno de ellos es un genio adormecedor, en otro, un caudillo rebelde. En todos, un elemento más o menos importante, más o menos extendido, más o menos profundo, más o menos ilustrativo de la vida nacional. Muchos países delegan en él la confección de su retrato más conocido, la información de su personalidad más atractiva, el establecimiento de sus contactos más estrechos y el factor más determinante de su conocimiento y prestigio internacionales.

    Muchos países están asociados a un deporte emblemático, a través del cual se dirigen al mundo y a sí mismos para presentarse y autodefinirse. Para algunos mandatarios, conscientes de la función que puede cumplir esta actividad en el ser humano, la promoción del deporte constituye una meta política del mismo rango que la educativa, la sanitaria o la económica. Los frutos han llegado con la puntualidad programada.

    Muchos deportistas forman parte de una casta de héroes, de patriotas supremos, de símbolos y de paradigmas. Por ellos, más que por cualquiera otros, su territorio, su patria, son conocidos y considerados. La imagen de muchos países terminó de definirse porque el deporte obedecía a un propósito que tenía tanto de determinación pragmática como de acto de conciencia”

¿Realmente se hace tan difícil entender lo que acabamos de esbozar?   Creo que es un problema de conciencia de parte de las autoridades que, pudiendo hacer un esfuerzo, se han diluido innecesariamente hacia otros polos. Pareciera difícil tomar las decisiones básicas para el despegue de esta actividad, porque para muchos, y desgraciadamente para los que están al mando de las instituciones deportivas, se le ha sometido a una situación de condicionalidad, que lo único que hacen es no tomar las decisiones tan esperadas con los aportes que son bastantes. Sin embargo, han atomizado la labor de muchos técnicos y han minimizado todo despliegue renovador y creativo.

    Al analizar las propuestas, que aparecen en cada “debate”, no se vislumbra, por parte de ninguno de los presidenciables: 1) Una conciencia clara de lo que involucra esta actividad y lo que esta práctica conlleva, y 2) La terminología que usan y los conceptos que vierten, son sólo frases cliché que a muchos impresionan, pero que no pasan de ser “pomadas” fáciles de digerir, pero que no alimentan las ansias de un país.

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