• Herodes recibió a los tres reyes magos – José Bergamín

    Herodes recibió a los tres reyes magos en su palacio, con gran solemnidad y ceremonia; los agasajó y los sentó a su mesa, y luego les habló de este modo:

—Sé que vuestro saber ha profundizado todas las ciencias y las artes. ¿Queréis enseñarme vuestros secretos?

    Entonces ellos pasaron aquel día mostrándole asombrosos juegos de prestidigitación y por la noche prepararon una gran fiesta pirotécnica, que iluminó la ciudad alegremente. Un poco antes del amanecer reunieron su cortejo y, dejando en puertas y ventanas los juguetes para los niños, partió su caravana melancólica.

    Herodes, que no se había quedado satisfecho, les detuvo en el camino y les dijo: «Me habéis engañado ocultándome vuestro secreto más importante. ¿Dónde está la estrella que os guía?».

    Y ellos sonrieron sin contestar. —Si no me lo decís —insistió Heredes—, mandaré mataros. Y ellos volvieron a sonreír y a no contestar. Entonces Herodes, irritado, les gritó: —¡Os digo que tenéis la vida pendiente de un hilo mientras no me descubráis vuestra estrella maravillosa!

    Y el rey negro, que era más astuto que los otros y algo burlón, explicó: «Lo que tenemos pendiente de un hilo, señor, es la estrella maravillosa». Y dejando asomar por su ropón unos grandes picos dorados, añadía: «La lleva siempre el que va delante de nosotros».

    Así dejó Herodes marchar a los tres reyes profesionales del ocultismo, quedándose muy pensativo porque su corazón rebosaba pena y sentía una inmensa piedad hacia todas las cosas.

  • Paranoia – Slawomir Mrozek

    Aquel mismo día ordenó la degollación de los niños, que murieron con los primeros juguetes de su inocencia.

    De un tiempo a esta parte siento que me espían. En cualquier lugar noto su presencia a mis espaldas. Adondequiera que vaya, me sigue, y cuando estoy en casa, acecha desde el portal de enfrente. Él cree que no lo veo, pero lo veo con claridad.

    No me inquieta que sea un pájaro, un avestruz australiano, para ser más exactos. En definitiva, el surrealismo no es nada ya que extrañe, nos hemos acabado acostumbrando. Tampoco me inquieta que me espíe. Ser espiado por un avestruz es también normal dentro de los límites del surrealismo. Lo que me inquieta es la sospecha de que no es un avestruz, sino alguien disfrazado de avestruz. ¿Y para qué el disfraz? He aquí un turbador enigma.

    Un buen día, estaba de nuevo acechándome desde el portal del otro lado de la calle. Yo estaba junto a la ventana, oculto tras la cortina. Y observé cómo salió volando, no corriendo, no, volando, y aunque un avestruz no sabe volar, este extendió desmesuradamente sus alas y se elevó hacia el cielo.

    En el portal apareció el portero con una escopeta. Al parecer, se había hartado de la presencia del pájaro en el zaguán y había decidido ahuyentarlo. Y en el fingido avestruz reconocí a un inmenso buitre.

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