

- Proteína
Cuando el químico holandés Gerardus Johannis Mulder (1802-1880) descubrió en 1838 que ciertas sustancias derivadas de los aminoácidos constituían la materia básica del organismo de plantas y animales, las llamó proteínas.
Se trata dre macromoléculas formadas por cadenas de aminoácidos, que ayudan a desarrollar y fortalecer los músculos y a reducir el peligro de la pérdida muscular, que es inevitable para los adultos mayores.
Su nombre fue ideado por el químico sueco Berzelius (1779-1848), quien lo tomó del griego πρωτεῖος (proteios) ‘primario’, ‘primigenio’, ‘primero’, derivado de πρῶτος (prõtos) ‘primero’, con origen en el indoeuropeo per- ‘hacia’, ‘a través’. Protos está en el nombre de numerosas palabras de nuestra lengua, tales como protagonista, protoplasma, protón, etcétera.
El adjetivo que corresponde a proteína es proteínico, y no debería ser reemplazado por proteico, que significa ‘cambiante’, en recuerdo del dios marino Πρωτεύς (Prôteús), a quien los griegos atribuían el poder de cambiar de forma.
- Taladro
Herramienta de penetración con la que se perfora la madera, los metales o cualquier otro material. Los hay de todos los tamaños, desde los taladros manuales de uso doméstico basados en la idea del berbiquí, hasta los gigantescos taladros usados por la industria petrolera para perforar el suelo hasta varios kilómetros de profundidad, en busca de hidrocarburos. Estos dispositivos pueden alcanzar hasta 6 000 m de profundidad para pozos que pueden ser de petróleo, gas o incluso agua.
El taladro opera con brocas diseñadas con rosca de corte helicoidal, intercambiables según el diámetro de la perforación que se desee hacer y, generalmente son activados con energía eléctrica, aunque también los hay manuales, llamados berbiquí, que operan a mano.
La palabra proviene del latín tardío taratrum, vocablo de origen celta, como podemos confirmar por su uso en en el irlandés antiguo tarathar, en el galés taradr (Corominas 1980). Los orígenes del vocablo céltico se pueden rastrear hasta la raíz indoeuropea terԃ -, de la cual surgieron en varias lenguas vocablos vinculados a las nociones de frotar, torcer y perforar. (Roberts-Pastor, 1995).
- Séquito
Comitiva o cortejo que acompaña a una persona importante, o sea, los que siguen a esa persona. La palabra proviene del italiano seguito (pronunciar ségüito), con el mismo significado, derivada del verbo seguitare ‘seguir’, formado a partir de seguito (pronunciada en forma llana), participio pasivo de seguire ‘seguir’, del latín sequi.
La palabra aparece por primera vez en el Diccionario español-francés, de Francisco de Sobrino (1705), y también en la primera edición del diccionario académico, pero ya se usaba en español por lo menos desde la primera mitad del siglo XVI, como muestra este trecho del Epistolario, de Juan Ginés de Sepúlveda, escrito en 1532:
Finalmente, ahora, después de estar tanto tiempo alejado de mi patria, abandono Roma para formar parte del séquito del Emperador Carlos V. Este es el motivo de esta carta: comunica.