

Sábado 20 de junio, 09.00 hrs. Nos encontramos en Hualqui, punto de partida para una nueva etapa de nuestra capacitación itinerante. En la plaza, junto a profesores y niños, abordamos el bus, aporte generoso del Centro de Operadores de la empresa Petrox S.A.
Una lluvia tenue, pero persistente, nos anuncia que será compañera inseparable. El compromiso es llegar a Huidanqui e impartir la clase de atletismo a los profesores y posteriormente a los escolares de esa lejana localidad. Todo esto en el marco de la capacitación itinerante.
La actividad se realizará en una escuela que hace poco se entregó al servicio de niños ávidos de conocimientos que transitan caminos llenos de destino. Nuestro punto de llegada se ubica a 12 kms. y se nos avisa que por el sendero se irán sumando proyectos de deportistas que a la vera de la ruta esperan la posibilidad de una mañana diferente. La lluvia no debiera ser obstáculo para su entusiasmo.
A medida que nos adentramos entre los cerros, el camino se dispone fácil, raudamente pasamos por Totoritas -escuela que en lo deportivo atiende Raúl Catalán-. Agua Corta nos ve pasar y sus habitantes nos siguen con la mirada, Hugo Sanhueza, quien trabaja en la escuela de esa comunidad, nos reitera “en Agua Larga suben unas niñas”; ahi están, un saludo, arriba y a seguir bordeando el cerro. Un guía improvisado nos anuncia el paso por Vaquería, más adelante deben subir los escolares que regularmente caminan más de una hora para ir al colegio aunque llueve o truene. Ellos no hacen camino al andar, hacen la vida al andar.
Llegando a Paso Hondo nos preocupa un detalle: ¿Qué haremos si se mantiene la lluvia? En el camino se nos muestra la escuela de Huidanqui.
Usando un término de esos parajes, “desmontamos” raudamente; nos encontramos con niños de diferentes edades. La lluvia se ha quedado con nosotros. Alejandro Peñaloza -profesor de la escuela- nos muestra, con orgullo, cada una de las dependencias. A ella asisten 32 niños de 1º a 6° básico. No hay luz eléctrica, pero una batería y un radio cassette amenizan el encuentro. Lo primero es lo primero, el desayuno para todos. Escolares y profesores nos trenzamos en una alegre batalla, degustar las tortillas de rescoldo enviadas por madres lejanas que aportan a esta aventura donde sus hijos son el sujeto de una mañana deportiva.
Luego del desayuno, la sala principal de la escuela se convierte en un acogedor gimnasio. Cuarenta y ocho niños más los profesores y algunos simpatizantes nos acomodamos en la sala. La lluvia quedó afuera. Se imparte la clase teórica, repaso de lo visto anteriormente y manos a la obra, sacarse las parcas, se retiran los bancos y se enseña la salida de tacos. Todos van pasando, aprenden rápido. Luego viene el salto largo, eso hay que hacerlo afuera. La lluvia coopera y hace un paréntesis, se aprovecha al máximo. Un improvisado foso de salto recibe a niños y niñas, los cuales dan los primeros pasos por esta atractiva disciplina. La lluvia no espera. Reunión técnica, se analiza la entrega del testimonio en la prueba de relevos, organizamos los equipos para la competencia. Cada profesor prepara sus campeones. Se les ubica en el camino, se da la partida; el empedrado no es obstáculo. Al final, ganamos todos. El próximo sábado una nueva aventura.