Por prudencia, era un teletipo y las comunicaciones eran cifradas.

Después de la Crisis de los Misiles de Cuba, Estados Unidos y la URSS, los dos países que dividían parte del mundo en la Guerra Fría, decidieron que era necesario un medio de comunicación rápido y seguro entre ellos. Por el bien de todos. Y crearon el que conocemos en la cultura popular como Teléfono Rojo, que en realidad era una línea de teletipo cifrado. En definitiva, decidieron que era mejor comunicarse por escrito, que tiene sus ventajas. Por ejemplo, evita errores de interpretación y hasta calentones. Lo que nosotros conocemos como Teléfono Rojo, para los estadounidenses es la Línea caliente Washington-Moscú (Washington-Moscow Hotline)

El cable de comunicaciones inicial iba de Washington a Londres, y seguía por Copenhague, Estocolmo, Helsinki y de ahí a Moscú. Lo pagaban a medias ambos países y crearon otros medios de soporte para utilizar en caso de problemas con esa línea. Los terminales a cada lado eran capaces de imprimir tanto caracteres latinos como cirílicos. La idea era que cada país pudiera escribir en su propio idioma y luego traducir. Es obvio que cualquier error o malentendido podría tener consecuencias graves. Recuerden el caso del desastre de los ingleses hablando latín en las guerras bóer.

Los rusos tenían un terminal en Moscú, que se sepa. Los norteamericanos, por su parte, tenían uno en el Pentágono, otro en la Casa Blanca y uno más en un centro militar Montaña de Raven Rock, en Pensilvania.

Fuente: CURISTORIA

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