Mi abuelo Orlando pintaba acuarelas, lo mismo que mi mamá, ella, La Liber, además tejía frivolité con los ojos cerrados, mi hermano era capaz de tallar un ciervo en un palo de fósforos en cosa de minutos, mi papá dibujaba y tallaba en madera, llegó un sobrino que dibujaba de manera magistral, yo sólo miraba y me admiraba de aquellas habilidades artísticas.

Estudiando el tercer año de universidad, en el ramo de recreación el profesor encargado coordinó con el área de artes un módulo del tema. El primer trabajo solicitado por aquellas personas fue algo simple, un mobil que consistía en un palo horizontal donde debiamos colgar tres palos adornados con hilo o lanas de color, yo realicé el trabajo literalmente a lo solicitado, muchos de mis compañeros de curso se la jugaron con multiplicidad de palos, mederos, muchos hilos y muchas lanas.

En la clase siguiente, por lista presentamos nuestros productos “artísticos”, dejaron los mejores sobre la mesa de las profesoras, entre ellos el mío. Al terminar la evaluación, las docentes destacaron la capacidad creativa, la pulcritud, las horas de trabajo invertidas por nosotros, cuando llegaron al mio, lo presentaron como lo más feo, falto de compromiso, un bodrio, un esperpento artístico, comente que yo había realizado lo que ellas solicitaron, si hubieran planteando que era una competencia de palos embarrilados con lanas yo hubiera entrado a competir. 

Llegué a la casa y comente mis artísticos-familiares de lo ocurrido con mis palos junto a los comentarios de la profesoras y su intento de transformar mi trabajo en un ejemplo de la relajación y falta de interés, para rematar, dije, que nos habían dado otro trabajo, trasformar una bolsa de papel en una máscara. 

Al instante, los artistas asumieron la tarea como un desafío familiar, La Liber sacó una caja de restos de lanas, a mí hermano le brillaron los ojos y tiró sobre la mesa todo tipo de cartones, mi hermana los pegamentos, alguien rápidamente esbozó líneas de un supuesto diseño, en minutos cada uno echó a volar su imaginación para el trabajo solicitado, cuando volví a explicar lo de la bolsa le restaron importancia, mí hermano dijo que sería un pequeño cambio, así la tarea continuó dando rienda suelta a la imaginación. 

Como buenos artistas sus mentes volaron, el papel lo desecharon, se definieron por el cartón, una mezcla entre casco romaro y máscara de diablada de la tirana, seis conos se instalaron sobre la frente en dirección hacia la nuca, de unos veinte centímetros cada uno  todo coronados con penachos de lana, las nariz un largo triángulo de veinte centímetros llenos de color, las orejas de similares proporciones con una base del largo de la cabeza que terminaba en punta hacia el exterior,. la lana seguía cubriendo cada una de las partes, buscando el equilibrio de colores y la degradación.

Fueron dos noches seguidas de trabajo, mi hermano no durmió hasta pegar la última pieza, para terminar confeccionaron una funda con papel de diario, así crearás expectación, decían.

Llegué a la universidad temprano, varios querían ver lo que escondía el papel de diario, hasta que las profesoras nuevamente iniciaron la letanía de pedir de uno en uno los trabajos, cuando me llamaron, sequé el papel, me puse la máscara y caminé al estrado, los ojos de las docentes de arte casi salían de sus órbitas, deposite la obra maestra familiar con todo cuidado y sin decir palabras, no era necesario, me pidieron dejar la obra en el mesón, al terminar la revisión de todo el curso, iniciaron el análisis de los productos, dejando el mio nuevamente para el final, esta vez los reproches se transformaron en halagos, como si sus palabras hubieran dado un paso a una verdadera redención del antiguo esperpento, olvidando completamente el intento de dejarme en ridículo por no haber seguido sus instrucciones, la naturaleza te lleva a caminar por sendas ajenas a las trazadas. para coronar su trabajo las catedráticas del arte me solicitaron entregar la máscara con el fin de exponerla en la Casa del Arte de la Universidad de Concepción. 

Nunca estuve interesado en las notas como expresión de un resultado, leía los libros que resultaban interesantes, estudiaba materias donde encontraba algún desafío, o un profesor comprometido en el tema, por eso mi respuesta fue un no, un no rotundo, un golpe de nocaut. Por un lado en aquella máscara iría mi nombre, donde debería ir el nombre de la familia completa, y segundo no puedes un día dejar en ridículo a un alumno y al otro día levantarlo en un altar, además lo que buscaban las docentes del arte era un producto que rayara en a medianía, ellas nunca dieron o expresaron que uno podía volar; en uno volé a baja altura y en el otro la familia se despegó sin importar ninguna regulación y un gran trabajo en equipo.

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