Uno de los temas más debatidos actualmente en la ciencia y en el deporte. La respuesta corta es que no existe una única “partícula” o un solo marcador biológico que determine de manera absoluta quién es hombre o quién es mujer en todos los contextos. La realidad biológica es más compleja.

En el ámbito científico, los principales factores son los siguientes:

1. Los cromosomas sexuales. Durante mucho tiempo se consideró que la diferencia fundamental era: 46,XX → mujer. 46,XY → hombre.

Esta clasificación sigue siendo válida para la inmensa mayoría de las personas. Sin embargo, existen diferencias del desarrollo sexual (DSD), como el síndrome de insensibilidad a los andrógenos o el síndrome de Klinefelter (47,XXY), que muestran que los cromosomas, por sí solos, no explican todos los casos.

2. El gen SRY: el “interruptor maestro”

En las últimas décadas se ha identificado un elemento clave: el gen SRY (Sex-determining Region Y), ubicado en el cromosoma Y.

Su función es iniciar el desarrollo de los testículos durante el desarrollo embrionario. Estos testículos producen testosterona y otras hormonas que dirigen el desarrollo sexual masculino.

En términos generales: Si el embrión posee un cromosoma Y con un gen SRY funcional, se inicia el desarrollo masculino. Si no existe ese gen funcional, el desarrollo sigue la vía femenina. Por ello, muchos biólogos consideran al gen SRY el principal desencadenante genético de la diferenciación sexual, aunque no actúa de forma aislada.

3. La testosterona: En el deporte de alto rendimiento, el debate no se centra únicamente en los cromosomas o el gen SRY, sino también en la testosterona, porque influye en: masa muscular, fuerza, potencia, densidad ósea, producción de glóbulos rojos, capacidad de recuperación. Por esta razón, muchas federaciones deportivas han utilizado niveles de testosterona como criterio de elegibilidad para algunas competiciones femeninas, aunque las normas varían según el deporte.

4. ¿Por qué sigue existiendo debate?

Aunque la biología identifica claramente el sexo en la inmensa mayoría de las personas, el deporte debe abordar situaciones menos frecuentes, como: personas transgénero, personas con diferencias del desarrollo sexual (DSD),

los efectos de tratamientos hormonales, cuánto tiempo persisten ciertas ventajas fisiológicas tras una transición. Responder a estas preguntas requiere integrar genética, endocrinología, fisiología y evidencia deportiva.

¿Qué dicen las investigaciones más recientes? La investigación indica que la exposición a la testosterona durante la pubertad masculina produce adaptaciones que pueden persistir incluso después de reducir los niveles hormonales, entre ellas: mayor estatura promedio, huesos más largos y robustos, mayor tamaño cardíaco y pulmonar, mayor masa muscular, mayor fuerza.

La magnitud y relevancia competitiva de estas diferencias depende del deporte y sigue siendo objeto de estudio científico.

¿Qué hacen hoy las organizaciones deportivas? No existe una regla universal.

Algunas federaciones internacionales restringen la participación en determinadas categorías femeninas cuando hubo pubertad masculina, mientras que otras aplican criterios diferentes según la disciplina, basándose en la evidencia disponible para ese deporte específico.

La ciencia actual considera que: El gen SRY, ubicado en el cromosoma Y, es el principal desencadenante genético del desarrollo masculino. Los cromosomas XX y XY siguen siendo el criterio biológico básico para la mayoría de las personas.

La testosterona y los cambios fisiológicos asociados a la pubertad desempeñan un papel central en el rendimiento deportivo.

No existe una única molécula, “partícula” o marcador que, por sí solo, resuelva todos los casos relacionados con la elegibilidad deportiva. Por ello, las decisiones en el deporte de alto rendimiento se basan en un conjunto de evidencias biológicas y fisiológicas, y continúan evolucionando conforme aparecen nuevos estudios.

Fuente: ChatGPT

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