

Las fuentes relatan como incendios, desastres naturales y saqueos llevaron a la biblioteca a su completa destrucción en un legendario episodio ocurrido durante la conquista musulmana.
A finales del año 48 a.C., Julio César se encontraba atrapado en el palacio real de Alejandría a merced de sus enemigos, partidarios del faraón Ptolomeo XIII. Su situación era desesperada y el general, “amenazado de verse interceptado de su flota, se vio obligado a rechazar el peligro por el fuego, que al propagarse desde los arsenales, destruyó la gran biblioteca”.
Así explicaba el historiador Plutarco más de un siglo después del acontecimiento, como César decidió incendiar su flota amarrada en el puerto de Alejandría antes de que cayera en manos de sus enemigos. Una decisión que provocó, como efecto no deseado, la destrucción de gran parte del mayor templo del conocimiento de la Antigüedad.
Fundada a finales del siglo IV a.C. por Ptolomeo I Sóter, durante sus mil años de existencia la Biblioteca de Alejandría conoció muchos episodios que diezmaron sus colecciones, algunos tan destacados como el incendio provocado por Julio César o el legendario episodio que remató su destrucción definitiva, en el siglo VII d.C., a manos de las tropas árabes que conquistaron Egipto y que devastaron el venerable templo del conocimiento antiguo.
El incendio de César
Tras derrotar a Pompeyo el Grande en la batalla de Farsalia a mediados del año 48 a.C., Julio César llegó a Egipto persiguiendo a su excolega triunviro y terminó involucrado en una nueva guerra civil, esta vez entre el joven Ptolomeo XIII y su hermana Cleopatra VII, que mantenían una lucha fratricida por el trono egipcio. Al principio, César trató de que ambos asumieran el gobierno conjuntamente, pero al cabo de poco se conoció la conspiración tramada contra César por el general Aquilas y el eunuco Potino, hombres de confianza de Ptolomeo XIII, que desencadenó los acontecimientos.
Cuarenta mil libros perdidos
En el siglo III d.C. Dión Casio completaba el relato sobre este episodio en su Historia Romana: “César atrincheró el palacio y los edificios cercanos y mandó construir fortificaciones hasta el mar. Entre tanto, llegó Aquilas […] se atrajo inmediatamente a la mayor parte de los alejandrinos y se hizo con las posiciones más ventajosas. Después tuvieron lugar muchos combates entre ellos, tanto durante el día como por la noche y se incendiaron por completo muchos lugares, de modo que se quemaron, entre otros edificios, el arsenal, los almacenes de trigo y la biblioteca cuyos libros, según dicen, eran muchísimos y de gran calidad”.
Ni Plutarco ni Casio dan una cifra concreta del tamaño de la destrucción en la biblioteca, pero al recordar el episodio, Séneca afirmaba en su obra De la Tranquilidad del Ánimo (53-54 d.C.): “Cuarenta mil cuerpos de libros se abrasaron en la ciudad de Alejandría, hermoso testimonio de la opulencia real”. Séneca citaba a Tito Livio, contemporáneo al suceso, como su fuente.
En cualquier caso, la institución no dejó de funcionar, porque un par de décadas más tarde, el geógrafo Estrabón daba a entender que todavía en aquel espacio se reunían eruditos de todos los campos: ” El Museo forma parte de los palacios. Tiene un paseo público y un lugar provisto de asientos, y una gran sala en la que los hombres de letras que pertenecen al Museo toman su comida común”.