

Yo
Pronombre acusativo de primera persona del singular, o sea que, en español, siempre desempeña en la oración el papel sintáctivo de sujeto. El lingüista francés Émile Benveniste se apoya en la polaridad entre el yo y el tú, —que son los que participan en el discurso— para afirmar que la tercera persona constituye otra categoría, que no participa, solo recubre el discurso.1 De acuerdo con esto, solo la primera y segunda persona serían esenciales para la comunicación interpersonal y la construcción de identidades personales y sociales.
El significado del yo, entendido ahora como sustantivo, ha estado presente en los trabajos de numerosos filósofos europeos, pero este concepto es abordado por grandes masas a partir del psicoanálisis, la teoría propuesta por Sigmund Freud, para quien el yo es una especie de mediador entre los impulsos inconscientes del ello y las demandas del mundo externo por un lado y, por otro, las normas morales, el deber-ser impuesto por el superyó.
La palabra proviene del latín vulgar eo, más tarde io, que constituye una reducción del pronombre de primera persona del latín clásico egō. El Diccionario de la lengua española incluye también la locución yo pecador, que no podía faltar en una obra de la docta casa madrileña.
Aporofobia
Temor, rechazo o aversión que algunos experimentan con relación a las personas pobres, sentimiento que a veces puede ser acompañado por insultos, vejaciones o agresiones contra los pobres. El vocablo fue acuñado en 1995 por la filósofa española Adela Cortina, quien fue catedrática de Ética de la Universidad de Valencia con el vocablo griego αποροσ (áporos) ‘sin recursos, indigente, pobre’ y la palabra española fobia aversión exagerada a algo o a alguien’. Cortina empleó la palabra en su libro Aporofobia. El rechazo al pobre
Su empleo se sintió como una necesidad cuando, hacia 1990, se percibió que era necesario un término que diferenciase este fenómeno de la xenofobia ‘miedo o rechazo a los extranjeros’. En efecto, la mayoría de las personas que parecen rechazar a los inmigrantes, los acogen de buena gana cuando se trata de personas que tienen una buena situación económica. Es algo parecido a lo que ocurre en Brasil con el racismo. Mucha gente parece odiar a las personas negras, pero se muestran bien dispuestas para con ellas cuando se trata de gente que ha logrado una buena situación económica y social. Lo que se rechaza, pues, no son los descedientes de africanos sino los pobres.
El Diccionario de la lengua española define aporofobia, con marca de “cultismo” como ‘fobia a las personas pobres o desfavorecidas’. Esta inclusión en el diccionario es reciente y posterior a la última edición en papel, de 2014, por lo que solo figura en la versión digital de la obra.
Calandria
Ave de la misma familia de la alondra, de dorso pardo grisáceo, vientre blancuzco, de unos 35 cm de envergadura y una cola larga con dos manchas blancas. Su pico largo y delgado es apropiado para sus hábitos alimenticios insectívoros y frugívoros. Habita en las regiones templadas de Europa y Sudamérica. Se trata de un ave canora, capaz de remedar el canto de otras aves con tal precisión que puede confundir al oyente poco atento o desconocedor.
Se distinguen cuatros especies, denominadas en la nomenclatura binaria Mimus saturninus (Lichtenstein 1823); Mimus saturninus modulator (Gould 1836); Mimus saturninus arenaceus (Chapman 1890) y Mimus saturninus frater (Hellmayr 1903). En algunas regiones rurales del Río de la Plata, se cree que si esta ave entra a una casa preanuncia una boda y no hay que molestarla.
Su nombre proviene de un hipotético latín vulgar calandria, y este del griego charádrios, que aludía al mismo pájaro.
También lleva este nombre una máquina formada por varios cilindros giratorios movidos a vapor usados para prensar ciertas telas y para planchar ropa, debido al ruido que produce este artefacto, que muchos hallan similar al canto de la calandria.
Fuente: Ricardo Soca