{"id":6793,"date":"2026-05-09T13:02:21","date_gmt":"2026-05-09T16:02:21","guid":{"rendered":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/?p=6793"},"modified":"2026-05-09T13:02:25","modified_gmt":"2026-05-09T16:02:25","slug":"6793","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/2026\/05\/09\/6793\/","title":{"rendered":""},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-cover alignfull\" style=\"padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;min-height:635px;aspect-ratio:unset;\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-block-cover__image-background wp-image-168\" alt=\"\" src=\"https:\/\/elreportivodeolimpia.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/sports-tools.jpg\" data-object-fit=\"cover\"\/><span aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-cover__background has-background-dim-80 has-background-dim\"><\/span><div class=\"wp-block-cover__inner-container is-layout-flow wp-block-cover-is-layout-flow\">\n<div class=\"wp-block-media-text alignfull is-stacked-on-mobile is-vertically-aligned-center\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/9-1-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6794 size-full\" srcset=\"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/9-1-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/9-1-300x169.jpg 300w, https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/9-1-768x432.jpg 768w, https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/9-1-1536x864.jpg 1536w, https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/9-1.jpg 1920w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>Brillante silencio &#8211; Spencer Holst<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dos osos kodiak de Alaska formaban parte de un peque\u00f1o circo en que la pareja aparec\u00eda todas las noches en un desfile empujando un carro cubierto. A los dos les ense\u00f1aron a dar saltos mortales y volteretas, a sostenerse sobre sus cabezas y a danzar sobre sus patas traseras, garra con garra y al mismo comp\u00e1s. Bajo la luz de los focos, los osos bailarines, macho y hembra, fueron pronto los favoritos del p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El circo se dirigi\u00f3 luego al sur, en una gira desde Canad\u00e1 hasta California y, bajando por M\u00e9xico y atravesando Panam\u00e1, entraron en Sudam\u00e9rica y recorrieron los Andes a lo largo de Chile, hasta alcanzar las islas m\u00e1s meridionales de la Tierra de Fuego. All\u00ed, un jaguar se lanz\u00f3 sobre el malabarista y, despu\u00e9s, destroz\u00f3 mortalmente al domador. Los conmocionados espectadores huyeron en desbandada, consternados y horrorizados. En medio de la confusi\u00f3n, los osos escaparon. Sin domador, vagaron a sus anchas, adentr\u00e1ndose en la soledad de los espesos bosques y entre los violentos vientos de las islas subant\u00e1rticas. Totalmente apartados de la gente, en una remota isla deshabitada y en un clima que ellos encontraron ideal, los osos se aparearon, crecieron, se multiplicaron y, despu\u00e9s de varias generaciones, poblaron toda la isla. Y a\u00fan m\u00e1s, pues los descendientes de los dos primeros osos se trasladaron a media docena de islas contiguas. Setenta a\u00f1os despu\u00e9s, cuando finalmente los cient\u00edficos los encontraron y los estudiaron con entusiasmo, descubrieron que todos ellos, un\u00e1nimemente, realizaban espl\u00e9ndidos n\u00fameros circenses.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De noche, cuando el cielo brillaba y hab\u00eda luna llena, se juntaban para bailar. Formaban un c\u00edrculo con los cachorros y otros osos j\u00f3venes, y se reun\u00edan todos al abrigo del viento, en el centro de un brillante cr\u00e1ter circular dejado por un meteorito que hab\u00eda ca\u00eddo en un lecho de creta. Sus paredes cristalinas eran de creta blanca, su suelo plano brillaba, cubierto de gravilla blanca, y bien drenado y seco. Dentro de \u00e9l no crec\u00eda vegetaci\u00f3n. Cuando se elevaba la luna, su luz, reflejada en las paredes, llenaba el cr\u00e1ter con un torrente de luz lunar, dos veces m\u00e1s brillante en el suelo del cr\u00e1ter que en cualquier otro lugar pr\u00f3ximo. Los cient\u00edficos supusieron que, en principio, la luna llena record\u00f3 a los dos osos primigenios la luz de los focos del circo y, por tal raz\u00f3n, bailaban bajo ella. Pero, podr\u00edamos preguntarnos, \u00bfqu\u00e9 m\u00fasica hac\u00eda que sus descendientes tambi\u00e9n bailaran?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Garra con garra, al mismo comp\u00e1s\u2026 \u00bfqu\u00e9 m\u00fasica oir\u00edan dentro de sus cabezas mientras bailaban bajo la luna llena en la aurora austral, mientras danzaban en brillante silencio?<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>El sexo de los \u00e1ngeles &#8211; Mario Benedetti<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una de las m\u00e1s lamentables carencias de informaci\u00f3n que han padecido los hombres y mujeres de todas las \u00e9pocas, se relaciona con el sexo de los \u00e1ngeles. El dato, nunca confirmado, de que los \u00e1ngeles no hacen el amor, quiz\u00e1 signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otra versi\u00f3n, tampoco confirmada pero m\u00e1s veros\u00edmil, sugiere que si bien los \u00e1ngeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera raz\u00f3n de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed, cada vez que \u00c1ngel y \u00c1ngela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y si \u00c1ngel, para abrir el fuego, dice: \u201cSemilla\u201d, \u00c1ngela, para atizarlo, responde: \u201cSurco\u201d. El dice: \u201cAlud\u201d y ella, tiernamente: \u201cAbismo\u201d. Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos. \u00c1ngel dice: \u201cMadero\u201d. Y \u00c1ngela: \u201cCaverna\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aletean por ah\u00ed un \u00c1ngel de la Guarda, mis\u00f3gino y silente, y un \u00c1ngel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor. \u00c9l dice: \u201cManantial\u201d. Y ella: \u201cCuenca\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las s\u00edlabas se impregnan de roc\u00edo y, aqu\u00ed y all\u00e1, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c1ngel dice: \u201cEstoque\u201d, y \u00c1ngela, radiante: \u201cHerida\u201d. El dice: \u201cTa\u00f1ido\u201d, y ella: \u201cRebato\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los c\u00famulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los \u00e1ngeles llueve copiosamente sobre el mundo.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":2,"featured_media":6794,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"plain-container","ast-site-content-layout":"normal-width-container","site-content-style":"unboxed","site-sidebar-style":"unboxed","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"disabled","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"disabled","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-6793","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-poesia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6793","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6793"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6793\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6795,"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6793\/revisions\/6795"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6794"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6793"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6793"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elreportivo.cl\/olimpia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6793"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}