

Según se creía, la «<piedra filosofal» era la sustancia alquímica que permitiría convertir cualquier metal en oro. Hace varios siglos se trabajó mucho en busca de la materia que pudiera lograrlo. Pero hasta ahora, por desgracia, no se ha logrado una transformación de tal índole por ningún medio.
El término alquimia» abarcaba originariamente los ámbitos de la química, la magia, la astrología y la teología. En China se desarrolló una forma independiente que, entre otras cosas, también dedicaba especial atención al conocimiento de las plantas. Hoy en día es imposible determinar si la alquimia de Extremo Oriente y la de Occidente se remontan a las mismas fuentes.
Probablemente la alquimia europea fue un fruto de los mitos y prácticas religiosas y rituales de la antigüedad. Según una leyenda, la cuna de la alquimia está en Egipto, donde la divinidad Thot, Hermes Trismegistos («Hermes, el tres veces grande») para los griegos, fundó el arte y la ciencia. Históricamente la alquimia europea se remonta a la Grecia del siglo v a.C. Ya entonces los alquimistas emitieron teorías que más de un milenio después ganaron significación, como los primeros conocimientos básicos de medicina y los elementos aislados de Empédocles o la teoría atómica de Demócrito. En el siglo m d.C. destaca otro alquimista notable, Zósimo de Panópolis, que en sus 28 libros de alquimia describe el modo de convertir la plata en oro con la ayuda de una tintura de mercurio.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand