Onda Corta – Rodrigo Ríos Gómez

   ¿Qué mueve las células que conforman el cuerpo al escuchar las primeras notas de una pieza musical? Que así, sin pensarlo, sólo sintiendo, te estremecen; en oportunidades hasta las lágrimas.

   Antes de tirarme en la cama a descansar, moví la perilla del radio para escuchar emisoras en onda corta. Esa gran radio de madera que daba otras opciones de música. Entre ruidos y palabras inteligibles, con voces que entraban y salían, incluso en idiomas que jamás había escuchado.

   La primera vez que escuché una música diferente a la emitida por Radio el Carbón de Lota, fue con la llegada de un tocadiscos. En este aparato se podía seleccionar lo que querías escuchar y repetir hasta la saciedad el tema. Pasó con Serenata a la Luz de la Luna, de Glenn Miller, cada vez que terminaba la canción levantaba la aguja del disco de 33, para volver a ponerla en los negros surcos, sin decir palabras el tema te llevaba a un lugar cálido y diferente. Seguro debía existir más música que te transportara a otros lugares.

   Una tarde encontré en una emisora de radio de onda corta un programa que decía – Radio Universidad de Concepción presenta La Hora del Jazz – La sola apertura me dejó perplejo, Sing, Sing, Sing de Benny Goodman. En otras oportunidades el programa partía con un tema de Dave Brubeck, Blue Rondo A la Turk. Después de cincuenta años puede que me confunda, pero era una de ellas.

   Cada día a las seis de la tarde se emitía media hora de programa, en cualquiera de las cuatro estaciones del año, siempre estaba ese ritmo sincopado.

   Fue en aquellas tardes de verdadero ocio, que el ragtime putanesco y sus derivaciones, encontraron en mis oídos un compañero de tertulia sonoro silencioso.

   Podría ser evasión, recogimiento, relajación, la búsqueda de sueño profundo, pero nunca los ritmos dejaron un espacio a la indiferencia. Existen ritmos que te trasportan al nivel del paroxismo y la locura. Yo los buscaba en aquella radio vieja, instalando cables por los techos, por instinto más que por conocimiento, algo decía que traerían los sonidos hasta mí.

   Los sistemas de escucha evolucionaron, la oferta musical creció. Ella Fitzgerald, indujo mi sueño por muchas noches, como hoy lo hace la música de Chet Beker. Lo que a uno le produce placer a otro le genera una tortura.

   Miles Davis, por los años 60, trasformó la música y su unión con el cine, improvisó la banda sonora de la película El Ascensor del Cadalso, ocho horas de improvisación, crearon toda la atmósfera para una película del cine negro de la época. 

   Mi mundo creció a través de la música, difícil concebir los días sin ella. El jazz, una afición que continúa, así como el programa de La Hora del Jazz de Radio Universidad de Concepción.

Scroll al inicio