Últimas palabras de Nietzsche

   Nietzsche decía que el pensamiento científico y la forma de ver la vida que se había generalizado en su tiempo había hecho que la gente hubiera dejado de creer en Dios. De ahí el famoso Dios ha muerto que se le atribuye. Pero, como dice el chiste, de momento lo único que sabemos es que Nietzsche está muerto. Sobre lo de Dios no hay nada confirmado.

   El filósofo murió el 25 de agosto del año 1900, a los 56 años, después de una vida de problemas psicológicos persistentes. Más de 11 años antes, el 3 de enero de 1889, el filósofo dijo las que se consideran sus últimas palabras, y en realidad nadie sabe cuáles fueron. Es más, esta historia está llena de lagunas y de incertidumbre, lo que la hace todavía más interesante.

   Ese día de enero Nietzsche paseaba por Turín cuando vio a un cochero azotando y maltratando a su pobre caballo. El filósofo se acercó corriendo al animal y lo abrazó por el cuello, situándose entre él y el cochero, suponemos que para proteger al caballo de los golpes de la fusta. Ahí pronunció las últimas palabras de su vida. ¿Dirigidas a un caballo? Eso parece.

   Unas fuentes dicen que dijo Mamá, soy tonto. Otras que murmuró al caballo Pobre hermano mío. Lo cierto, como decía, es que no se sabe. Incluso hubo testimonios que aseguraban que no llegó a decir nada que se entendiera.

   Tras aquel incidente del caballo perdió la cabeza definitivamente. Tras eso cayó al suelo inconsciente. Fue detenido por la policía por desórdenes públicos y cuando recuperó la consciencia su mente ya estaba perdida. No volvió a estar cuerdo en la década larga que se alargó su vida tras aquel incidente en Turín.

   Una prueba de esa locura la tenemos en las cartas que envío en los días siguientes a algunos amigos. Son cartas plagadas de incoherencias y sinsentidos. En ellas, por ejemplo, hablaba del emperador alemán, o se tomaba a sí mismo por el creador del mundo o el dios Dionisio.

 

 

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