El COI abre sus puertas a las mujeres

    En 1980, la llegada de Juan Antonio Samaranch a la presidencia del COI vino acompañada de un proyecto abiertamente renovador que flexibilizase el anquilosado movimiento olímpico, incapaz de seguir la inercia de una sociedad en profunda transformación. Para Samaranch, como él mismo aseguró en sus Memorias olímpicas, era fundamental dar a la mujer el protagonismo que le correspondía en el deporte que, «para ser más vigoroso y para representar con mayor exactitud a la sociedad, debía abrirse e integrar totalmente a la mujer en su seno». En el Congreso de Baden-Baden en 1981, se trazó la hoja de ruta para renovar el olimpismo. Por primera vez se dio voz a los atletas y, en su nombre, Sebastian Coe —futuro presidente de la IAAF— reclamó la igualdad de oportunidades en la participación de las mujeres en los juegos. En Baden-Baden se tomó la histórica decisión de abrir la puerta del COI a las mujeres.

    En 2001, cuando Samaranch finalizó su mandato, eran ya dieciocho las mujeres en el seno del COI, alcanzando así el objetivo propuesto del 10%. Entre ellas se contaba Anita DeFrantz, que en 1995 se puso al frente del grupo de trabajo internacional Mujer y Deporte, y en 2001 se convirtió en la primera mujer en aspirar a la presidencia del COI en las elecciones para designar el sucesor de Samaranch.

    Cabe hacer una mención especial a la Conferencia Mundial sobre Mujer y Deporte, que se celebró en 1994 y dio pie a la declaración de Brighton, con la que se marcaban los objetivos de una cultura deportiva que permitiera la plena participación de las mujeres en todos los campos del deporte. Esta declaración fue corroborada en 1996 por el COI, en las conclusiones del Congreso del Centenario. Fruto de ello fue la decisión de que ningún deporte o modalidad pudiese incluirse en el programa olímpico si no contemplaba la igualdad de género.

Fuente: Más que olímpicas

 

  

 

  

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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