

Promesas y Sensaciones
Nos miramos por varios minutos, me dijo: “la vida no la concibo sino a través del nosotros”. En este juego de mareas y olas, íbamos y veníamos, ninguno quería ser el último en desprenderse o decir adiós. Teníamos dieciséis años; y el frio del invierno no amilanaba el deseo de seguir jugando a la despedida.
Al día siguiente me levanté temprano para ir al liceo. Llovía, así que tomé un paraguas y marché hacia un paradero de estudiantes; siempre llegábamos muy temprano y la mayor parte de los estudiantes éramos conocidos. Sin embargo, ese día ocurrió algo muy especial.
Una de las estudiantes solicitó guarecerse bajo mí paragua. Son esos instantes sublimes y extraños que te regala la vida. Segundos después de asentir, ella depositó su cabeza a la altura de mi cuello, yo me quedé quieto y la respiré, por un largo rato la disfruté, la lluvia nos empujaba a seguir unidos, no había necesidad de palabras, haciéndonos los distraídos conversábamos trivialidades con otros estudiantes, mientras una reverberación se sensaciones sacudían nuestros sentidos.
Sin ponernos de acuerdo dejamos que los pasajeros subieran, así los asientos estarían ocupados, quedamos de pie, solos en la multitud, como siameses, si una parte se separaba, la atracción nos imanaba una y otra vez.
Desde aquel día de lluvia, los despertares se adelantaron, sin ponernos de acuerdo, cada día llegábamos más temprano, cinco, diez, quince y más minutos, todo para estar más tiempo cerca, nunca faltaba un tema y jamás el silencio incomodó, nos rozábamos entre palabras y frases, por más helado que amaneciera, el calor se apoderaba de nosotros. Una mañana, al desocuparse un asiento, me tomó de un brazo y me empujo hacia él, me entregó su bolso con libros, se paró a mi lado, depositando suavemente su pubis contra mi hombro, cerré lo ojos y respiré profundo, cargué mi cuerpo hacia ella, fue un rítmico y suave baile, como todos nuestros juegos matinales.
Llegábamos a Concepción, caminábamos unas cuadras y nos separábamos, cada uno a sus respectivos liceos. Así terminó el año de estudio. El último día nos abrazamos, sin promesas, sin amarras, sólo disfrutando los miles de sensaciones que nos regalamos, soltamos nuestras manos, dejando ir el instante en un sabroso adiós.