Los romanos eran más cínicos. En los manuales de Historia les llaman «pragmáticos», pero es que esas son obras para finolis. Cínicos, créanme.

Los romanos eran más cínicos, así que adoptaron eso de la profesionalidad desde muy pronto, y con indisimulado deleite. Los orígenes de los juegos y deportes fueron sacros, pero es que, además, se cayó en la espectacularidad y el circo (en el más amplio sentido) muy rápidamente. Lo que provocó otra consecuencia: que en Roma hubiese una división clara entre el cives (aquel que iba a ver deporte mientras saboreaba crestas de gallina confitadas en miel) y el competidor, que era un muerto de hambre (o un esclavo) dispuesto u obligado a ganar unas monedas y a redimir errores del pasado.

    Vamos, que ahí comienza el concepto de «espectáculo de masas». Por toda Roma empezaron a construirse un montón de recintos monumentales para que acudiese allí la peña a soltar bilis y a descargar tensiones como ocurre ahora en los estadios contemporáneos. Los griegos preferían tenderse en la hierba mientras recitaban a Píndaro, pero eso era ya cosa del pasado: tan decadentes en aquel momento de la historia, los helenos agachaban la cabezuca cuando veían un cartelón con el SPQR. Así que tenemos el Circo Máximo, donde cabían más de 150.000 espectadores; el Anfiteatro Flavio (ustedes lo conocen como Coliseo), con aforo para 65.000; o el Estadio de Domiciano, para 30.000 potenciales chiflaos. Por no irnos muy lejos, en el Circo Romano de Mérida cabía más o menos el mismo número.

    Así que panem et circenses. También en eso fueron pioneros los romanos, mire. Sucedía que en aquella Roma republicana varias magistraturas municipales se elegían por los ciudadanos libres de la urbe. Y ocurría que el mismo crecimiento de la ciudad hacía que muchos de esos ciudadanos libres fueran desocupados indigentes sin recursos, laburo o perrito que les ladrase, pero con un montón de tiempo para ver deportes (como su cuñado Luis Alfonso, vaya). Así que los ricachones se afanaron en organizar eventos para tener calmada (al menos) y contenta (preferiblemente) a esa muchedumbre de potencial peligro social. Sí, amigos, está todo inventado. Luego, durante el imperio, líderes militares y civiles continuaron con lo mismo, porque funcionaba y porque así se garantizaba la paz social, que es muy agradecida cuando eres un tirano. Ojo, potenciar el circo también puede provocar el efecto contrario, como veremos después en Constantinopla, pero no es lo más común…

Fuente: Príncipes y esclavos

       

   

  

  

  

  

  

  

Scroll al inicio