Todavía no ha sido posible desvelar a ciencia cierta cómo fueron construidas las pirámides originales. Tales construcciones constituirían un reto arquitectónico incluso para los medios actuales. La abundancia de pirámides que erigieron distintas civilizaciones parece indicar que los métodos empleados fueron también diversos.

    A finales de la década de 1980, el químico francés Joseph Davidovits difundió una teoría según la cual los sillares de una pirámide (en este caso, egipcia) se fabricaban sobre el terreno mezclando barro de piedra calcárea con otros materiales y vertiendo la mezcla en un encofrado de madera, arcilla o adobe en su emplazamiento definitivo para que fraguara lentamente. Esta teoría puede ser refutada sin más en el caso de las pirámides egipcias, puesto que los sillares que las integran son irregulares y no encajan los unos con los otros. No obstante, cabe la posibilidad de que este sencillo método fuera empleado en otros lugares.

    La mayoría de los científicos defienden la teoría de que las piedras eran transportadas a la obra desde una cantera y arrastradas o empujadas por los obreros por una rampa que se iba alargando conforme avanzaba la construcción de la pirámide.

    Hay quienes sostienen que la rampa se acababa integrando en la pirámide: las piedras de la rampa habrían servido para tapar los agujeros dejados a propósito. A comienzos del siglo XXI fueron hallados en Egipto indicios de la probable verosimilitud de esta teoría de la rampa, aunque todavía se carece de pruebas fehacientes. La posibilidad de haber recurrido a una rampa queda excluida en ciertos casos en que el espacio disponible no hubiera sido suficiente.

    Incluso las pirámides que ya han sido estudiadas parecen seguir ocultando algún secreto. A los rumores de la existencia de objetos de gran valor ocultos en pasadizos y cámaras secretas cabe sumar los incidentes acaecidos durante las investigaciones o las excavaciones, que refuerzan la sospecha de que las pirámides tienen que esconder algo más de lo que se ha descubierto hasta ahora. Los arqueólogos John Shea Perring y Howard Vyse, que trabajaron en la pirámide Acodada en 1839, relataron que durante las excavaciones soplaban por los pasadizos unos vientos fríos tan fuertes que hubo que suspender las labores por unos días. A excepción del camino por el que los arqueólogos habían penetrado en el interior de la pirámide, no se conocía ninguna otra conexión con el mundo exterior.

Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand

RESPUESTA ACERTIJO: UNA LETRA T

  

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