

Mamamadre del otoño
Te escribo pues hace mucho tiempo que no sé de ti y mucho menos nos has visitado.
Sé muy bien que para vernos tendría que buscar la noche eterna o tú dejar el “todo” donde estás.
Lo he conversado con mucha gente y te echamos de menos, tu sonrisa que ilumina los espacios nos tiene en penumbras.
Tu conversación compulsiva que jamás dejó la fe cristiana, la lucha social y la cultura, que solo se agotaba cuando estabas comiendo.
Cómo no extrañar tu casa abierta a todos, cuánto pasaron por tu vida, la casa de todos, valga decir que algunas de tus nietas adquirieron el mismo hábito y hoy inundan sin motivo aparente sus casas.
Me imagino que en el “todo” has organizado a tus semejantes, colmándolos de tareas y más de alguna sopita bruja has preparado junto a las salamandras del universo.
No creo que estés en el sueño eterno, más bien creo que estás en la vida perpetua, te podría ir a buscar los sábados a las ferias, donde los carretoneros se aburren de llevar la carga, pues puesto por puesto saludas a las caseras que un día les ayudaste a parir…
Talvez estás en alguna de las reuniones de las múltiples comisiones, directivas y corporaciones que organizaste como modo de existencia, como resistencia y eco de tus rebeldías…seguro te han nuevamente elegido como presidenta del infinito.
Mamamadre eterna y difusa ven a vernos uno de estos días, te esperan castañas y piñones, mate y enguindao, calzones rotos y algunos repollitos que vino a dejar tu Sergio.
La emoción inunda mi vista y me impide seguir llamándote, te dejo hecha la invitación, la mesa está servida y si ves a la Naidita tráela contigo.
Tu hijo Omar