

Hace algunos días hizo noticia el matrimonio de biólogos moleculares chilenos –radicados hace 15 años en Canadá– Cristian Droppelmann y Danae Campos-Melo, en conjunto con la compatriota Verónica Noches, por lograr un importante avance en el tratamiento de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
Se trata de desarrollar una droga biológica con el potencial de convertirse en una terapia de precisión efectiva contra esta enfermedad neurodegenerativa, como parte de una labor en el Robarts Research Institute de la Universidad de Western.
«Este es un proyecto que Cristian comenzó hace unos ocho años, yo me uní a poco andar, sabiendo que la ciencia se hace en equipo. Uno nunca puede correr la carrera solo», me dijo Campos-Melo. «Luego, hace tres años, invitamos a participar en este proyecto a la doctora Verónica Noches, experta en conducta, también de Chile. Esto nos permitió hacer más en menos tiempo. Además, yo tengo una línea de investigación en RNAs no-codificantes, unas moléculas maravillosas que pueden usarse tanto en terapia como en diagnóstico de enfermedades. Todos vamos avanzando en distintos proyectos, pero con un mismo horizonte», añadió.
Este trabajo les permitió obtener recientemente más de 10 millones de dólares de un fondo privado, para convertir este descubrimiento, ya patentado, en un tratamiento de costo accesible para pacientes con ELA. «Siempre me pareció apasionante el poder ayudar a las personas desde la ciencia. La biomedicina entrega esa oportunidad. Explorar cómo funciona la vida, entender qué deja de funcionar o funciona erróneamente en una enfermedad como la ELA y tener la posibilidad de desarrollar una terapia para los pacientes que tanto sufren. Es lo que muchos científicos soñamos desde pequeños», me expresó Campos-Melo.
Ambos se fueron de Chile por razones diversas. «Cuando estaba terminando mi primer postdoctorado en la Pontificia Universidad Católica de Chile, me di cuenta de que era muy difícil seguir una carrera en la academia en Chile, especialmente si no habías estudiado un doctorado o hecho un postdoctorado fuera del país. Entonces, decidí hacer mi segundo postdoctorado en Canadá», relató Droppelmann.
Ella contó que se fue a dicho país después de terminar su postdoctorado en la Pontificia Universidad Católica de Chile en Santiago, el año 2009. «La idea era tener una experiencia más larga en el extranjero, en un país de habla inglesa amable con los inmigrantes, en que además se estuviera invirtiendo fuertemente en ciencia», dijo.
En cuanto a la experiencia de vivir en Canadá, para él «ha sido positiva por todas las ventajas que tiene vivir en un país desarrollado. Sin embargo, en un inicio, sobre todo, resultó duro estar alejados de la familia y tener que adaptarse a una sociedad nueva. Durante algunos años intentamos regresar a Chile, pero por diversas razones no fue posible. En paralelo, nuestro trabajo acá fue ganando momentum y se nos hizo difícil dejarlo».
Fuente: Cultívate – El Mostrador