

Los círculos de piedra de Avebury, en el condado de Wiltshire, Inglaterra, figuran entre los más grandes y antiguos de las Islas Británicas. Tienen la misma relevancia que Stonehenge y Silbury Hill.
Incluyendo la muralla que lo rodea, Avebury ocupa una superficie de unas 15 ha. El recinto consta de un gran círculo exterior del año 2500 a.C. con un perímetro de unos 1.200 metros y un diámetro de 427. Originalmente, sobre un terraplén de 6 metros de alto se erguían 98 menhires, de los cuales se conservan 27. El círculo exterior encierra otros dos. El círculo norte, el más pequeño, data de 2600 a.C. y tiene un diámetro de 98 metros. De los 27 monolitos con que contaba originalmente sólo quedan cuatro. El círculo sur, de la misma época, tiene un diámetro de 104 metros y estaba formado por 29 piedras, de las que quedan cinco.
A diferencia del caso de Stonehenge, las areniscas proceden de yacimientos cercanos y pudieron ser transportadas sin problemas. Miden entre 2,1 y 5,5 metros de alto y pesan y pesan hasta 40 toneladas. Las piedras se anclaron en la tierra hundiéndolas entre 15 y 60 cm para que no pudieran tumbarse. El obelisco, la piedra más grande del complejo, debió de tener una altura de 5,5 metros, pero fue derribado y destruido en el siglo XVIII. Dos avenidas jalonadas por bloques de piedra se alejan del gran círculo exterior.
El monumento permaneció prácticamente intacto hasta el siglo XIV, fecha a partir de la cual se inició la demolición de los lugares de culto «paganos» instigada por la Iglesia. Durante los siglos XVII y XVIII se retiraron algunas piedras para poder aprovechar el espacio para la agricultura, o bien para construir casas. Se trata de un fenómeno muy habitual que han padecido muchos monumentos a lo largo de la historia. La misma suerte corrieron el Coliseo de Roma o, en España, la muralla romana de Tarragona.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand