“¡Papá, eres un dinosaurio! ¡No puedes ser serio! ¡Jugabas a la rayuela en la calle? ¡Y a las bolitas? ¡Eso es como decir que caminabas sobre dinosaurios!

“¿Perdías el tiempo en la calle con amigos? ¡Eso es un crimen! ¿No sabías que había aplicaciones para perder el tiempo de manera más eficiente?

“¿Ibas a una escuela? ¡Ja! ¡Eso es como decir que usabas una máquina de escribir!

    “Papá, tú no entiendes. Los juegos de ahora son mucho más avanzados. ¡Son virtuales! ¡No necesitamos salir de casa para jugar!

    “¿La pichanga de fútbol? ¡Por favor! ¡Eso es como jugar con un balón de trapo! ¡Los juegos de ahora tienen gráficos en 4K y realidad virtual! “Y lo peor es que tú crees que esos juegos tontos te enseñaron algo. ¡La vida es más compleja que eso! ¡Necesitamos habilidades para el siglo XXI, no para la Edad de Piedra!

    “Papá, deberías estar avergonzado de tu niñez. ¡Tú y tus amigos perdieron el tiempo en la calle mientras podrían haber estado desarrollando habilidades en programación y robótica!” (El padre mira a su hijo con una sonrisa nostálgica y responde)

    “¡Ay, hijo! ¡No entiendes! Los juegos de mi época nos enseñaron a socializar, a trabajar en equipo, a resolver conflictos y a disfrutar del aire libre. ¡No necesitábamos una pantalla para divertirnos!

    “Y sí, iba a una escuela. ¡Y aprendí a escribir a mano! ¡Y me gustaba! “¿Quieres saber un secreto? ¡Los juegos de mi época fueron los que me hicieron la persona que soy hoy! ¡Y no tengo nada de qué avergonzarme!”

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