La respuesta a cómo el descubrimiento del metal estaba transformando el mundo de Stonehenge se encuentra en el norte de Gales, en una de las zonas mineras más antiguas de Europa, y en la mina de cobre más grande del mundo: Great Orme. Se estima que desde el año 4000 a. C. ya se estaba extrayendo mineral en ella, trabajos que duraron hasta aproximadamente 2900 a. C.

    Great Orme fue descubierta en 1987 y desde el primer momento los arqueólogos que la estudiaban comprendieron que las minas estaban organizadas a una escala de tales proporciones que superaba a cualquier otra explotación minera prehistórica. Los extractores de mineral neolíticos retiraron más de cien mil toneladas de mena de aquellos pozos gigantes y llegaron a cavar a más de sesenta metros bajo tierra. Donde antes estaban las rocas con vetas de mineral ahora hay enormes, pero impresionantes, cámaras vacías.

    Nick Jowett, director de la excavación arqueológica actual, cree que en Great Orme pudieron haber trabajado más de mil personas durante sus picos máximos de producción, mientras que en la explotación de sílex de Grimes Graves no lo hacían más de veinte personas a la vez, y sobre un solo pozo. De hecho, a pesar de que únicamente se ha investigado un 5 por ciento de Great Orme, hasta ahora se han encontrado treinta mil huesos de animales y miles de martillos de piedra —que pudieron ser las herramientas con las que se excavó la mina— y ocho mil metros de túneles que datan de la Edad de Bronce. En las entrañas de estas galerías se han hallado numerosas pruebas de cómo y con qué fines se organizó este ingente número de trabajadores. «Por lo general —explica Nick Jowett— las prospecciones mineras empezaban cuando se localizaba malaquita en la superficie. En tal caso se comenzaba a profundizar en el suelo hasta que la veta de mineral se agotaba. Entonces, los mineros simplemente buscaban otra. Después sólo había que reducir la malaquita a polvo y mezclarla con carbón igualmente machacado. De la reacción entre ambos surgía el cobre puro».

    En la mina de Great Orme eran maestros en el arte de la extracción del metal de las rocas. Y con ello comenzó una nueva era. Con el cobre se fabricaban millones de joyas y adornos rituales. El deseo de poseer estos objetos se convirtió en el motor de una expansión económica sin precedentes y unos avances tecnológicos que corrían a pasos agigantados.

    Pero ¿qué importancia tiene el descubrimiento del metal en la historia de un monumento que por aquel entonces se estaba construyendo en piedra? La respuesta a esta pregunta la da el arqueólogo Julian Richards: «El aprovechamiento del cobre dotó a sus constructores de grandes riquezas y altas cotas de poder en una sociedad que estaba cambiando su definición de ambas. Quien podía trabajar y comerciar con los metales se convertía en un potentado y ostentaba nuevos símbolos de estatus. Del mismo modo que hoy llevamos joyas de oro o un reloj llamativo, el hombre prehistórico portaba una daga de cobre brillante o una bonita y reluciente hacha del mismo material. Las rocas de Stonehenge están decoradas con imágenes de utensilios de metal, lo que da fe del valor que tenían estos objetos para los pueblos de la Edad de Bronce. Pero el mayor símbolo de estatus social y económico era el mismo Stonehenge».

Fuente: Grandes misterios de la historia

 

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