

En Costa Rica hay centenares de grandes esferas de piedra, todas ellas de distinto peso y tamaño, pero redondas hasta la perfección. Gran cantidad de esas esferas adornan hoy jardines privados, sobre todo después de que muchas de ellas fueran dañadas o destruidas a causa de la roturación de tierras o de ejercicios militares durante la colonización, por no mencionar la destrucción intencionada en busca de oro en su interior. Siguen siendo un enigma para la ciencia.
Nadie sabe de dónde proceden las esferas de piedra. El Museo Nacional de San José guarda varios ejemplares, y de vez en cuando se llevan a cabo excavaciones y aparecen nuevas bolas que habían permanecido ocultas total o parcialmente en el lodo de un delta fluvial o en el suelo de la selva. Sin embargo, se dispone de muy poca información acerca de ellas.
Se sabe que la esfera más pesada encontrada hasta ahora pesa 16 toneladas. La circunferencia de las bolas es perfecta y su diámetro es el mismo se mida donde se mida. Muchas esferas presentan una superficie muy lisa, que probablemente se consiguió puliéndola con una mezcla de arena y agua. Pero lo que no está nada claro es cómo se obtuvo una redondez tan perfecta en las esferas más grandes, de varias toneladas de peso. Aparte de ciertos conocimientos de geometría imprescindibles, también tendría que haber existido una tecnología que permitiera su fabricación. La producción de una bola así sería prácticamente imposible incluso hoy día sin instrumentos mecánicos y, para colmo, las esferas están fabricadas con un tipo de granito inexistente en el lugar donde han sido halladas la mayoría de ellas. A unos 50 km río arriba hay una cantera que suministra el mencionado granito.
Enigmas de la Humanidad – H. Genzmer / U. Hellenbrand