Siguiendo a San Agustín, quien, al referirse a los tiempos malos o buenos, de que la gente hablaba, concluyó con aquella sentencia que dejó en herencia a la humanidad pensante de entonces y de ahora: “Los tiempos no son buenos, ni malos; nosotros somos el tiempo”.

    Cuando hablamos hoy día de medio ambiente, generalmente nos referimos a las crecientes temperaturas, a los gases tóxicos que cubren el planeta o a la basura que producimos y que nos contamina cada día. Por extensión, los psicólogos hablan del medio ambiente de la convivencia humana, referido a las condiciones deseables de una buena relación afectiva en nuestras distintas comunidades humanas.

    Todos los seres humanos, incluso los más carenciados de vida común, nacemos en un hogar donde aprendemos a vivir, una escuela donde nos amplían el sentido de la vida con conocimientos y experiencias variadas de intercambio, llegando a algún trabajo asociado que se llama empresa, cuyo tamaño es indiferente, para incorporar en él la condición humana del convivir, compartir y prosperar económica y espiritualmente.

    En definitiva, la vida humana transcurre en, al menos estos tres ámbitos; natural el primero que es la familia, intelectual y moral que es la escuela, el segundo y finalmente la aplicación de habilidades y destrezas que compartimos económicamente en las empresas donde trabajamos.

    Sin necesidad de forzar la reflexión de esta ocasión, no cabe duda de que en las tres instituciones a las que pertenecemos o que nos pertenecen, podemos ejercitar actitudes que nos llevan a mirarnos, hablarnos, servirnos y finalmente a crear un ambiente digno de un ser humano honrado e íntegro.

    Las tres condiciones propuestas que nos invitan a mirar con respeto, dialogar con racionalidad y servir siempre a todos, nos darán el resultado final que buscamos; la creación de un buen ambiente de convivencia, el que traerá por añadidura un trabajo bien hecho, satisfacción personal y colectiva por el producto de calidad o servicio de excelencia. Es lo que decimos, queremos y tratamos de crear en todas nuestras empresas.

    Será necesario advertir que aquellos trabajadores que hayan tenido un hogar y una escuela donde han aprendido a mirar, dialogar y servir, tendrán mayores facilidades para aplicar similares conductas allí donde trabajen. Aunque, también la empresa puede convertirse en un hogar y una escuela para quienes llegan a ella con deficiencias de origen. Hay empresas que logran milagros de convivencia por su grato medio ambiente.

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