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Hay una fiesta detrás de esos trigales ¿Que tiempos desnudan escondidas bajo esa lluvia de luciérnagas? Yo sé que no me escuchan, yo sé que atareadas en ese atropello de estrellas no hay espacio para quienes desde este lado miramos extenuados. Solo nos queda imaginar esa celebración emboscada en amores.
Llegaron vestidas de entusiasmo, las tristezas bien guardadas en arcones hechos de aromas de yerbabuena, calzadas con la desnudez de corazones desprendidos.
Caminaron los senderos cortos y los senderos largos hasta llegar al extravío del verano. Bailan lo que debe ser bailado en infantiles cabriolés o tangos seductores.
Quisiéramos invadir esa privacidad que el trigal prodiga, pero sabemos que la belleza está en mantenernos de este lado de la frontera, que nuestro rol consiste en tocar solo con la mirada. Ser veedistas es nuestra complicidad, el punto de partida y de llegada. Está bien se nos dice, para eso estáis aquí.
Después de todo ¿qué es esto que enfrentáis sino líneas que una mano despertó para que estallaran como fuego de artificios?