

Para nadie es un misterio la falta de dirigentes idóneos en el mundo deportivo. Las crisis directivas muchas veces con ribetes de escándalos han debilitado a las instituciones por las malas prácticas, ahuyentando la llegada de dirigentes jóvenes a los estamentos deportivos ¿Se puede revertir esta situación incorporando a dirigentes de la tercera edad? Veamos:
El paradigma de que las personas mayores ya no pueden continuar asumiendo responsabilidades y liderazgos en la sociedad, debiendo irse para la casa, ya no se sustenta. La longevidad, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en el año 2017, la tasa de adultos mayores sobre 60 años correspondía a un 16,2% del total de población de Chile. Para el 2024 esa cifra se elevó al 19.2%, y su estimación para el 2050, podría ser de un 25%, para el segmento 60-64 años.
El edanismo, ese prejuicio para discriminar por edad a las personas mayores ha ido cambiando con el pasar de los años en nuestra sociedad. Recuerdo cuando un personaje federativo, por razones de edad, le prohibió a un juez mediante un documento oficial para ejercer su labor “Ad Honorem”; sabiendo que, en este caso, era un juez con vasta experiencia docente como formador de jueces de atletismo a nivel nacional y, además, muy respetado y valorado por ellos.
Con más tiempo disponible, y si la salud los acompaña entonces ¿Cuál sería la edad límite para que los adultos mayores no puedan seguir desarrollando una determinada labor en nuestra sociedad?
Por otro lado, existen maratonistas que a sus 80 años han completado con un buen tiempo una maratón en la distancia oficial (42.195 m) También podemos apreciar en nuestro país el crecimiento de los clubes Máster. Entrenan, compiten y lo principal, crean y conservan amistades mediante la conformación de un rico círculo social. El único problema es la desafección directiva con sus clubes de origen. Cuesta encontrar dirigentes con experiencia. En una etapa de sus vidas que, junto con tener una vida activa y con más libertad, al no tener tantas obligaciones, sería deseable contar con su cooperación en el desarrollo de las históricas instituciones deportivas regionales, que hoy se encuentran al borde de su inacción.
Probablemente, la energía del adulto mayor podría no ser la misma de cuando eran más jóvenes, pero ello se compensa con mayor experiencia, sabiduría y prudencia para desarrollar liderazgos, a fin de seguir aportando en una determinada organización social y en la formación de nuevos dirigentes o asumiendo otras funciones. Hay variados y buenos ejemplos en seguir colaborando en el tejido social, especialmente en labores deportivas; aunque hay algunos ejemplos contrarios.
En aportes positivos de adultos mayores en los últimos años, cabe destacar a la exatleta y medallista panamericana de 1951, Lucy López Cruz, que, teniendo más de 90 años de edad, se enroló como voluntaria en los JJ.PP. Santiago 2023 para aportar toda su experiencia dirigencial en este evento.
Con un pasado dirigencial-deportivo conocido, las personas mayores, reconocidas como autoridad, por lo general mejoran las buenas prácticas (principios éticos), los diálogos constructivos y los ambientes de confianza, siendo fundamentales para la incorporación de socios y obtención de recursos.
Las federaciones, asociaciones y clubes, como instituciones sin fines de lucro, cuyos dirigentes ejercen labores con fines altruistas, generan valor y beneficios en la estructura societaria de las diversas organizaciones. Sin presumir en los recintos de competencia de sus logros pasados y manteniendo relaciones honestas, todos ellos se sentirán valorados, respetados, seguros, apoyados en su diversidad y, más temprano que tarde, se constituirán en una valiosa contribución al crecimiento de la organización. Además, la asociatividad de las personas de la tercera edad contribuyendo tanto como dirigentes, jueces y entrenadores de experiencia, tienden a fortalecer el quehacer deportivo nacional.