

“Aristóteles no es simplemente el filósofo antiguo más importante, ni simplemente el filósofo más importante de todos los tiempos; Aristóteles es el ser humano más importante que haya vivido jamás”.
Eso declaró el filósofo británico John Sellars en un artículo de la revista Antigone previo a la publicación de su libro “Lecciones de Aristóteles: comprender al mayor filósofo de todos los tiempos”.
Aristóteles forma parte de esa tríada dorada de la filosofía clásica que completan Sócrates y Platón.
Era originario del norte de Grecia, y a los 18 años se fue a estudiar en la Academia de Platón en Atenas donde, durante dos décadas, fue pupilo y luego colega del gran pensador.
Con el tiempo, aunque siempre reconoció cuánto le debía a su maestro, fue distanciándose de sus ideas y desarrollando sus propias opiniones.
Tras la muerte de Platón, dejó Atenas y, tras un tiempo en Asia Menor, se mudó a la isla griega de Lesbos, donde se dedicó a estudiar el mundo natural.
Años después, el rey Filipo de Macedonia lo invitó a volver al norte de Grecia para ser tutor de su hijo Alejandro, quien más tarde sería conocido como Alejandro Magno.
Cuando Filipo fue asesinado mientras Alejandro estaba en su gran campaña por Oriente Medio e India, Aristóteles temió por su seguridad, y regresó a Atenas, donde fundó su propia escuela, el Liceo.
Tenía 50 años. Murió a los 62, dejando una vasta biblioteca, que incluía sus propios y numerosos escritos.
Según la Enciclopedia Británica, las obras de Aristóteles que se conservan, aunque probablemente representan solo una quinta parte de su producción total, suman alrededor de un millón de palabras.
Aunque Sellars acepta que decir que es la persona más importante de todas es una afirmación aparentemente “descabellada, tan grandilocuente que puede parecer una hipérbole escandalosa”, la dimensión está de su parte.
“Creo que es el más grande en términos de la escala de su influencia y el impacto que ha tenido”
“Sencillamente, contribuyó tanto a tantas cosas que siguen siendo relevantes hoy en día que ni siquiera no percatamos de que están conectadas con él”.
Aristóteles no era sólo el prototipo de filósofo sentado en una academia o un palacio de la Antigua Grecia cavilando con la mirada perdida en el infinito.
Como su objeto de estudio era el mundo que lo rodeaba, también solía hacer trabajo de campo, cuenta Sellars.
Cuando se dedicó a explorar la vida natural, “iba a las playas y, con el agua hasta las rodillas, observaba a los animales, atrapaba insectos, peces, cangrejos y pulpos, y luego los examinaba”.
“Hasta entonces, nadie había tratado de estudiar sistemáticamente a los seres vivos”. Así, creó la disciplina de la biología.
Fuente BBC – Dalia Ventura