

**El divorcio como medida higiénica
En 1953, se estrenó en México una película de Luis Buñuel llamada Él.
Buñuel, desterrado español, había filmado la novela de una desterrada española, Mercedes Pinto, que contaba los suplicios de la vida conyugal.
Tres semanas duró en cartel. El público se reía como si fuera una de Cantinflas.
La autora de la novela había sido expulsada de España en 1923. Ella había cometido el sacrilegio de dictar una conferencia en la Universidad de Madrid cuyo título ya la hacía insoportable: El divorcio como medida higiénica.
El dictador Miguel Primo de Rivera la mandó llamar. Habló en nombre de la Iglesia católica, la Santa Madre, y en pocas palabras le dijo todo: —Usted se calla, o se va. Y Mercedes Pinto se fue.
A partir de entonces, su paso creativo, que despertaba el piso que pisaba, dejó huella en Uruguay, en Bolivia, en Argentina, en Cuba, en México…
**Alarma: ¡Bicicletas!
—La bicicleta ha hecho más que nada y más que nadie por la emancipación de las mujeres en el mundo— decía Susan Anthony.
Y decía su compañera de lucha, Elizabeth Stanton:—Las mujeres viajamos, pedaleando, hacia el derecho de voto.
Algunos médicos, como Philippe Tissié, advertían que la bicicleta podía provocar aborto y esterilidad, y otros colegas aseguraban que este indecente instrumento inducía a la depravación, porque daba placer a las mujeres que frotaban sus partes íntimas contra el asiento.
La verdad es que, por culpa de la bicicleta, las mujeres se movían por su cuenta, desertaban del hogar y disfrutaban el peligroso gustito de la libertad. Y por culpa de la bicicleta, el opresivo corsé, que impedía pedalear, salía del ropero y se iba al museo.
Fuente: Eduardo Galeano