

“Las paredes de los hospitales han escuchado más oraciones honestas que muchas iglesias…
Han visto más besos sinceros que en los aeropuertos.
Es en el hospital donde ves a un homofóbico siendo salvado por un médico gay.
Donde una médica de clase alta salva la vida de un mendigo…
Donde en la UCI un judío cuida de un racista…
Donde miles de esposos se perdonan con la esperanza de una recuperación total.
Donde un policía y un preso comparten la misma sala y reciben la misma atención…
Donde un paciente rico espera un trasplante de hígado con el órgano de un donante pobre…
Es en esos momentos, cuando el hospital toca las heridas de las personas, es cuando los universos se entrecruzan con un propósito divino. Y en esta comunión de destinos, nos damos cuenta de que solos no somos nada.
La verdad absoluta de las personas, en la mayoría de los casos, solo se revela en el momento del dolor o ante la amenaza real de una pérdida definitiva.
Ama más, perdona más, abraza más, vive más intensamente…
¡Y deja el resto en las manos del Creador!