

*Marie
Fue la primera mujer que recibió el premio Nobel, y lo recibió dos veces. Fue la primera mujer catedrática de la Sorbona, y durante muchos años la única.
Y después, cuando ya no podía celebrarlo, fue la primera mujer aceptada en el Panteón, el portentoso mausoleo reservado a los grandes hombres de Francia, aunque no era hombre y había nacido y crecido en Polonia.
A fines del siglo diecinueve, Marie Sklodowska y su marido, Pierre Curie, descubrieron una sustancia que emitía cuatrocientas veces más radiación que el uranio. La llamaron polonio, en homenaje al país de Marie. Poco después, inventaron la palabra radiactividad y comenzaron sus experimentos con el radio, tres mil veces más poderoso que el uranio. Y juntos recibieron el premio Nobel.
Pierre ya tenía sus dudas: ¿eran ellos portadores de una ofrenda del cielo o del infierno? En su conferencia de Estocolmo, advirtió que el caso del propio Alfred Nobel, inventor de la dinamita, había sido ejemplar:
—Los poderosos explosivos han permitido a la humanidad llevar a cabo trabajos admirables. Pero también son un medio temible de destrucción en manos de los grandes criminales que arrastran a los pueblos a la guerra.
Muy poco después, Pierre murió atropellado por un carro que cargaba cuatro toneladas de material militar.
Marie lo sobrevivió, y su cuerpo pagó el precio de sus éxitos. Las radiaciones le provocaron quemaduras, llagas y fuertes dolores, hasta que por fin murió de anemia perniciosa.
A la hija, Irene, que también fue premio Nobel por sus conquistas en el nuevo reino de la radiactividad, la mató la leucemia.
*La mamá de las periodistas
En la mañana de hoy, 14 de noviembre de 1889, Nellie Bly emprendió su viaje. Julio Verne no creía que esta mujercita linda pudiera dar la vuelta al mundo, ella sola, en menos de ochenta días.
Pero Nellie abrazó el planeta en setenta y dos días, mientras iba publicando, crónica tras crónica, lo que veía y vivía.
Este no era el primer desafío de la joven periodista, ni fue el último. Para escribir sobre México, se mexicanizó tanto que el gobierno de México, asustado, la expulsó. Para escribir sobre las fábricas, trabajó de obrera. Para escribir sobre las cárceles, se hizo arrestar por robo. Para escribir sobre los manicomios, simuló locura, y tan bien actuó que los médicos la declararon loca de remate; y así pudo denunciar los tratamientos psiquiátricos que padeció, capaces de volver loca a cualquiera.
Cuando Nellie tenía veinte años, en Pittsburgh, el periodismo era cosa de hombres. En aquel entonces, ella cometió la insolencia de publicar sus primeras crónicas. Treinta años después publicó las últimas, esquivando balas en la línea de fuego de la primera guerra mundial.
Fuente: Eduardo Galeano