Una periodista de la BBC visitó Rapa Nui y publicó luego una nota alertando sobre “la lenta destrucción de los moáis”.

“Las estatuas originales, talladas en su mayoría entre 1100 y 1600 d. C., son cada vez más objeto de esfuerzos de conservación, dado que el desgaste, agravado por el cambio climático, amenaza con destruirlas. Los líderes comunitarios de Rapa Nui buscan maneras de rastrear y mitigar los daños, probando desde tratamientos químicos hasta escaneos 3D de las estatuas con drones antes de que se pierdan”, revela el texto.

Según un informe de la Unesco de 2016, los moáis de Rapa Nui se encuentran entre los sitios patrimoniales más afectados por el cambio climático a nivel mundial.

“Su preservación no es solo deseable, sino absolutamente imperativa”, afirma en la nota el arqueólogo Claudio Cristino-Ferrando, de la Universidad de Chile, radicado en Rapa Nui. Considera que quedarse de brazos cruzados, viendo cómo se deterioran estas obras monumentales, es “totalmente insostenible” y enfatiza que la idea de su “retorno a la nada” es errónea.

“Tal pensamiento contradice no solo nuestro deber fundamental como custodios del patrimonio cultural humano, sino también la intención original de la propia tradición Rapa Nui”, dice, junto con señalar que los moáis deben servir como testimonio de la llegada de los ancestros polinesios a la isla.

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