Para poder comprender el funcionamiento psicológico de los deportistas en relación con su rendimiento e intervenir para optimizarlo es necesario conocer las variables psicológicas, y la interacción entre ellas, que inciden más directamente en el rendimiento deportivo. El listado de variables que pueden influir en el estado psicológico de los deportistas es extenso, pero para poder trabajar sabiendo cuál es el objetivo, es necesario seleccionar y ordenar aquellas que tienen una relación más directa, y a partir de ahí, según proceda, considerar otras variables que afecten a las primeras. Por ejemplo: una de las variables principales es el estrés; pero a su vez, el estrés está afectado por variables como el estilo de afrontamiento del deportista o sus creencias rígidas.

    Para optimizar el funcionamiento de los deportistas es necesario conocer cuál o cuáles son las variables prioritarias en cada momento, qué factores ambientales o personales están afectando a esas variables, y qué se puede hacer para gestionarlas en la dirección apropiada. Por ejemplo: para asesorar al entrenador sobre sus mensajes en la charla previa al siguiente desafío, el psicólogo debe valorar qué variable o variables deben ser acentuadas (¿la autoconfianza? ¿la cohesión de equipo?) y de qué forma (¿destacando acciones bien hechas en los entrenamientos de la semana? ¿dando instrucciones sobre la comunicación en el campo?). Otro ejemplo: para ayudar a un deportista que pasa por un mal momento: ¿Qué variable se debe gestionar? (¿motivación? ¿autoconfianza?) y ¿cómo se puede hacer? (¿búsqueda de nuevos objetivos? ¿objetivos ambiciosos? ¿objetivos realistas?).

    Al igual que el preparador físico organiza su trabajo según sean las necesidades de variables de funcionamiento físico como la resistencia, la velocidad, la fuerza, etc., el psicólogo debe hacerlo atendiendo a las variables psicológicas relacionadas con el rendimiento. ¿Cuáles son estas variables principales?: motivación, estrés (con sus distintas manifestaciones: ansiedad, hostilidad, desánimo y agotamiento psicológico), autoconfianza, nivel de activación, atención y, en los deportes colectivos y otras situaciones de grupo, la cohesión de equipo. Después, como variables complementarias que influyen en las principales: la fortaleza mental: incluyendo las creencias y expectativas, y las experiencias pasadas de éxito/fracaso (que se relacionan con la autoconfianza); las emociones positivas, (relacionadas con la motivación); y las emociones negativas (relacionadas con el estrés). También, la salud mental: ya que el deportista sano rendirá mejor que el que no lo esté.

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