

Un tema controvertido que ha perdurado en el tiempo y generado muchas discusiones de parte de científicos, entrenadores y directores deportivos, profesores de Educación Física e incluso a nivel de padres de familia es: ¿a qué edad debería iniciarse el entrenamiento especializado en los niños?
La especialización deportiva temprana es un concepto relacionado con la niñez, definido como un entrenamiento intenso y específico en un deporte, excluyendo otras disciplinas; esto se basa en la creencia de que orientar a los niños en un determinado deporte, aumenta la probabilidad futura de éxitos deportivos.
La especialización deportiva temprana es cuando a los niños se les enfoca, antes de la pubertad, en un solo deporte, dejando de lado otras disciplinas, presionados generalmente por el interés de sus padres, profesores y entrenadores, en busca desmedida hacia el alto rendimiento, lo que puede provocar riesgos significativos por las muchas veces inadecuadas cargas de entrenamiento a que son sometidos, dando lugar con ello a un desarrollo limitado de habilidades motoras, posibles lesiones por sobreuso, agotamiento físico y mental por las exigencias constantes (Síndrome de Burnout) y, como también ocurre, abandono del deporte por pérdida de interés, a diferencia de la diversificación que fomenta un desarrollo más completo y sostenible a largo plazo, aunque el rendimiento inicial sea inferior.
La etapa entre los 9 y 12 años se ha denominado con razón “La edad de Oro del Aprendizaje” porque confluyen en el niño una serie de factores favorables: desarrollo motor diversificado, coordinación de movimientos, avances positivos de orden cualitativo físico, funcional, intelectual y psicológico. En los años anteriores, los niños ya han recibido la estimulación de sus distintos sistemas orgánicos y logrado experiencia motrices y predeportivas a través de juegos tradicionales desarrollados, tanto en el núcleo familiar y social como en el sistema de educación preescolar y la enseñanza básica.
La Multilateralidad – diversificación de actividades – cumple una función relevante en esta etapa de crecimiento de los niños, dado que fomenta el desarrollo de un bagaje motor más amplio, mejora la coordinación y reduce riesgos asociados a la práctica unilateral e intensa de una disciplina deportiva, aunque el rendimiento inicial sea más lento. En resumen, si bien la especialización temprana puede llevar a éxitos a corto plazo, la mayoría de los expertos, Erwin Hahn (1) entre otros, recomiendan la diversificación y concuerdan que para un desarrollo deportivo más saludable y sostenible es mejor especializarse cuando se dominan las habilidades motoras fundamentales y el niño está física y mentalmente más maduro para orientarlo hacia un deporte específico, a menos que se trate de casos excepcionales y bajo supervisión rigurosa.
En esta materia, las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), vigentes en 2025, establecen recomendaciones específicas para menores de 18 años con el fin de promover un desarrollo físico y mental saludable y mitigar riesgos como la obesidad y enfermedades no transmisibles. Los niños y adolescentes (de 5 a 17 años) deben realizar un promedio mínimo semanal de 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, principalmente aeróbica; al menos tres días por semana realizar actividades que refuercen los músculos y los huesos, y así, limitar el tiempo frente a pantallas y sustituir el tiempo sedentario por actividad física de cualquier intensidad. Además, la OMS agrega que la actividad física regular en menores no solo mejora la salud ósea y muscular, sino, también tiene un impacto directo y positivo en el rendimiento académico y el bienestar cognitivo y mental.
Las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizadas para 2025 no promueven la especialización deportiva temprana, sino que priorizan la diversificación y el cumplimiento de niveles mínimos de actividad física para un desarrollo integral.
Aunque la OMS no dicta reglas deportivas específicas, sus directrices sobre salud mental y prevención de lesiones respaldan el retraso de la especialización. Al respecto recomienda evitar la especialización antes de los 12 años y que los niños practiquen múltiples deportes para desarrollar una base motriz amplia y reducir el riesgo de lesiones por sobreuso; priorizar juegos variados y entretenidos para fomentar el interés por las actividades físicas de por vida y prevenir el agotamiento psicológico. Para evitar los riesgos de una especialización prematura, la OMS recomienda aplicar la “Regla de las Horas” que señala: “el número de horas de entrenamiento semanal no debe superar la edad cronológica del niño”, o sea, un niño de 10 años no debería exceder las 10 horas semanales. Y a lo anterior agrega, no practicar un solo deporte de forma intensiva durante más de ocho meses al año y garantizar al menos dos días de descanso total a la semana de entrenamientos para permitir la recuperación física y mental.
En conclusión, la especialización deportiva temprana en los niños conlleva una serie de riesgos de salud asociados al entrenamiento, y no es garantía de logros ni de éxitos en edades posteriores.