

El culto al cuerpo y al atleta perfecto ha inspirado grandes obras de arte, como el Discóbolo del genial escultor ateniense Mirón, pero también está presente en las obras de otros grandes artistas de la historia, como Pieter Bruegel, el Viejo, Canaletto.
1’ La gran obra de arte del deporte
El Discóbolo es tal vez la obra de arte deportiva más icónica de la historia. La escultura original, realizada en bronce por el ateniense Mirón a mediados del siglo V a.C. se ha perdido y ha llegado a nosotros gracias a decenas de copias romanas, la mayoría en mármol, como esta del siglo II d.C. El Discóbolo es un atleta idealizado en el momento de máxima tensión corporal durante una de las pruebas que componían los Juegos Olímpicos de la antigüedad, el lanzamiento de disco. Todo su cuerpo denota una tensión máxima menos el rostro, que parece ajeno al esfuerzo de su cuerpo. El canon de belleza ideal de la Grecia clásica establecía que los hombres debían ser altos, atléticos y musculosos, con piernas largas, mucho cabello, nariz y mandíbula poderosas, ojos amplios y boca pequeña. El rostro mantiene el ideal de belleza fría e inexpresiva imperante pero el cuerpo comienza a apuntar retorcimientos y la torsión del vientre, los brazos y piernas que recuerdan a la estatuaria helenística que llegará más adelante. Cinco siglos más tarde Plinio el Viejo diría de la obra y de su autor que “es el primer escultor que parece haber ampliado el alcance del realismo”.
2’ Patines y hielo
Pieter Bruegel el Viejo dedicó una serie de pinturas a reflejar el paso de las estaciones del año. La escena de un grupo de hombres armados y sus sabuesos que regresan al pueblo tras una magra jornada de caza que se desarrolla en primer plano da título a la pintura dedicada al invierno, Los cazadores en la nieve. Pero la obra es en realidad un bucólico cuadro compuesto de pequeñas escenas que dotan al conjunto de un gran realismo y cotidianidad. En el centro de la composición aparecen multitud de aldeanos practicando deportes sobre un lago helado. Una pareja de patinadores podría recordar al patinaje artístico, jugadores de hockey golpeando la bola con su stick, y delante de estos, varios personajes jugando a curling, un deporte que se cree apareció en Escocia hace al menos 500 años y de lli se extendió por todo el norte de Europa.
3’ Sumo, deporte y ritual
La ilustración sobre estas líneas, obra de Katsushika Hokusai, autor de la célebre Gran Ola de Kanagawa, muestra a Wadagahara Jinshiro a la derecha y Kachozan Gorokichi a la izquierda durante una pelea. Durante milenios, el sumo ha sido el deporte rey de Japón. Dos contendientes que sobrepasan ampliamente los 100 kilos de peso y larga cabellera (que solo pueden cortarse tras retirarse) tratan de sacarse del pequeño ring circular agarrándose del cuerpo o del taparrabos de su contrincante. Pero el sumo es mucho más que un deporte. Largos rituales preceden a los combates, que por otro lado son bastante breves y a menudo duran sólo unos segundos. Sus reglas son muy simples: El primer luchador en tocar el suelo con alguna parte de su cuerpo a excepción de la planta de los pies o es sacado fuera del círculo de combate, pierde. Está prohibido golpear en los ojos, puñetazos, estrangulaciones, tirar del pelo y técnicas similares. Si un luchador pierde el mawashi (taparrabos), queda eliminado. Estas reglas fueron codificadas durante el llamado periodo Edo.
Fuente: Historias NG